miércoles, 20 de enero de 2016

Alumnado de 1º de ESO nos cuenta sus experiencias (segunda entrega)

MI PRIMER DÍA DE ESCUELA
 Recuerdo que antes de empezar la escuela fui a una pequeña guardería llamada “EL BOSQUE ENCANTADO”, situada en frente de una escuela. A veces miraba el colegio desde la puerta de la guardería y veía a muchos niños y niñas correr y jugar. Un día después del verano, mi “mamá” y mi “papá” me habían dicho que como yo ya tenía tres “añitos” empezaría al cole que estaba en frente de la guardería.
           
     El primer día que empecé no quería separarme de mi madre porque me daba miedo, incluso lloraba. Poco a poco, una simpática profesora me cogió del brazo y me convenció para que fuera con ella al aula. Allí me fui olvidando un poco de mis padres e hice amigos que nunca olvidaré. También jugaba con las cocinitas, con los cacharritos, con animales de juguete y a pintar.

Mi primera profesora se llamaba Raquel, fue la mejor profesora que tuve en “Infantil”. Hice muchísimos amigos como ya había dicho, que eran: Aida, Luca, Jorge, Sara, Álex, Irene F, Pablo F, Pablo G, Pablo R, Estefanía, Andrea, etc.

Al salir del cole, fui al parque del “QUIRINAL” con todos los amigos y amigas que había hecho. Al llegar a casa mi padre me cogió en cuello y me dio un abrazo muy fuerte diciéndome:
-¿Qué tal tu primer día?-. Yo le contesté:
¡MUY BIEEEEEEEEEEEN!



Nunca olvidaré ese día, MI PRIMER DIA DE ESCUELA.

Irene Posa Moro  1º ESO A



MI ESCAPARATE FAVORITO
   Hace cinco años que vivo en mi nueva casa (en la calle Aida de la Fuente). Pero antes vivía en la calle Fernando Morán, y muy cerca de mi antiguo colegio. Mis abuelos tenían su casa en frente de la mía, por lo que los veía muy a menudo.
   En Educación Infantil y en 1º de Primaria, la mayoría de los días mis padres no me podían recoger del colegio porque salían tarde de trabajar, así que mi abuelo era quien me venía a buscar.
   Él salía de su casa a las dos menos cuarto e iba caminando hasta el colegio. Nada más que cruzaba la verja grande que había en la entrada, yo le veía, y antes de que las cuidadoras me dijeran que recogiera mis cosas, yo ya estaba con mi bolsita para la merienda y con mi chaqueta dispuesta a cruzar la otra verja; la que cercaba el patio en el que jugaba con mis compañeros.
   Mi abuelo cogía mis bártulos e íbamos caminando hacia su casa. En el camino, siempre pasábamos por delante del kiosco LA COLOSAL, y los viernes, entrábamos dentro y mi abuelo me compraba un huevo KINDER. La dependienta era una mujer mayor y muy agradable, bajita y de cuerpo robusto. Tenía el pelo corto y rubio y siempre llevaba puesto un delantal de cuadros blancos y azules. Mientras mi abuelo pagaba, yo me quedaba embelesada mirando los pasteles, los bombones, y los paraguas de chocolate que había tras el cristal del escaparate, hasta que notaba la mano de mi abuelo sobre mi hombro y me decía que mi abuela nos estaba esperando y que teníamos que ir a casa o se nos juntaría la comida con la merienda.
   Luego, mi abuelo se guardaba el huevo KINDER en el bolsillo del pantalón y continuábamos caminando.
   Una vez en casa, y después de haber comido y de que yo hubiera hecho mis deberes (si es que tenía), mi abuelo me preguntaba si me había portado bien en el colegio, y como yo siempre le decía que sí, él sacaba el huevo KINDER de su bolsillo y me lo daba con una enorme sonrisa en la cara.

Aida Rodríguez  1º ESO B



MIS PRIMEROS DÍAS DE ESCUELA

       Mis primeros días en la escuela no me gustaron mucho. No quería ir, y antes de entrar estuve mucho tiempo agarrado a mi padre llorando. Ya un poco más tarde, al ver a mis compañeros y a la profesora, me tranquilicé un poco. Hice buenos amigos, eran muy majos y jugábamos. A veces, como hablaba mucho, la profesora, Teresa, decía: ”!Manuel, de florero!", y así siempre que no callaba.                                                                                            
         En los siguientes días, vinieron nuevos compañeros a nuestra clase. Muchas veces, había un pelirrojo que en los recreos me pegaba y me quitaba mis juguetes. Cuando se lo dije a algunos compañeros de mi clase, en el recreo iba con ellos, y cuando ese nos veía, ya no me pegaba ni me quitaba mis juguetes.
         Una de las cosas que me gustaba era que cada clase se distinguía también por un animal, y creo (no me acuerdo muy bien) que iba a “Los Conejitos”. Otra de las cosas que más me gustaba era ponerme el mandilón, me encantaba ponérmelo.

Manuel Ndiaje  Ruiz     1º ESO C


Mi mayor travesura
         Un día cualquiera, cuando yo tenía 5 años más o menos, estaba en casa de mis abuelos. Recuerdo que yo estaba muy aburrida porque mi programa favorito se había acabado y yo no sabía dónde estaba el mando.
         Así que, mientras mis abuelos estaban en la cocina, cogí de un cajón un subrayador amarillo, y ya os podéis imaginar lo que pasó después: cogí el subrayador, lo abrí y me puse a pintar de arriba a bajo todas las cortinas del salón de mis abuelos.
         Luego, cuando mis abuelos entraron en el salón, y de repente vieron todo lo que había hecho, empezaron a echarme una buena regañina y después llamaron a mi madre para contárselo, y cómo no, mi madre me castigó nada más llegar a mi casa.

Eva Pérez Álvarez 1º ESO C



Mi mayor travesura

Cuando era pequeño, tenía un oso de peluche de casi un metro de altura y muy gordo. Un día vi que el peluche tenía un agujero por la espalda y empecé a tirar un hilo que tenía hasta que se abrió toda la espalda del oso. A mí solo se me ocurrió sacar todo el relleno que tenía el oso, que era como esponjas cortadas, hasta que lo  dejé  vacío y me metí dentro del peluche.
         Mis padres, al ver que yo estaba tan callado y formal, vinieron a la habitación llena de esponjas por el suelo, por la cama y por toda la habitación en concreto.
         Yo me encontraba dentro del peluche y también lleno de esponjas y muerto de risa según mis padres me lo estaba pasando muy bien, lo malo es que ese día  era la comunión de mi hermano  y entre recoger las esponjas de mi habitación, bañarme, vestirnos para la comunión y los nervios que tenían mis padres por la comunión de mi hermano, casi llegamos tarde a la iglesia.
         Por cierto, es el día de hoy que todavía tengo al oso en mi habitación y cada vez que lo veo me acuerdo de la que monté.
                                     
  Alfonso Nieto 1º ESO C                



MI PRIMER DÍA DE ESCUELA
     

Tenía seis años e iba al colegio del Quirinal. Recuerdo que ese día me levanté a las ocho en punto de la mañana y me vestí corriendo. No había desayunado casi nada por los nervios y me fui
al cole.
            Llegué al colegio  ya estaban todos mis amigos en la fila de 1ºB. Antes de entrar me puse a jugar con mis dos mejores amigas; Sandra y Estefanía. Cuando entré, vi que no había juguetes, con los que jugábamos en Infantil, y me asusté un poco.
            No me acuerdo muy bien, pero sí me acuerdo de que me habían puesto al lado de Sandra, y eso me encantó, porque era mi mejor amiga. Ese día  solo estuvimos aprendiéndonos los nombres de los profesores y del horario.
            Las primeras horas se me fueron volando porque me había divertido mucho. Entonces salimos al recreo de los niños grandes, que así lo llamábamos nosotros, y nos encantaba por fin estar con los mayores,
            Me acuerdo de que siempre que veíamos a nuestra profesora de infantil, le íbamos a dar abrazos y besos, porque nos daba pena habernos despedido de ella.
            Salí del colegio, y me fui a jugar con mis amigas, Sandra y Estefanía, a contarnos todas las locuras que nos pasaron.

Noelia García Seoane  1º ESO C



PAPÁ Y MAMÁ

Mi padre, Valeriano Martin, nació en Avilés, pero toda su familia es de Extremadura. Todos los veranos iban de vacaciones al pueblo. Pero como en los años 70 los coches eran muy precarios y mi padre siempre me contaba que siempre que subían el puerto de Pajares tenían que salir del coche y empujar el coche desde fuera,  a nosotros nos hace mucha gracia cuando nos cuenta esa historia. También nos cuenta que tenia una cerda con su cerdito y mi padre cogió al cerdito y salió de la cuadra, pero la cerda estaba tan enfadada que tiró la puerta de la cuadra abajo y mi padre salió corriendo y soltó al cerdito.

Mi madre, Marta Alonso, es asturiana de pura cepa. Ella vivía en San Esteban de Pravia, pero al igual que mi padre veraneaba en su pueblo, Oviñana, conocido por el cabo Vidio. Mi madre dice cada vez que vamos que  allí se estremecía solo de pensar las burradas que hacían allí con las bicicletas al borde de… ¡acantilados! Me dice que  si me ve hacer eso alguna vez llevaré un castigo muy grande.

Guillermo Martín   1º ESO C


MIS VACACIONES DE VERANO DEL 2015

      Estas vacaciones me lo he pasado muy bien a pesar de no haber ido de viaje.
       Al principio del mes de julio fui a comprar una bici nueva en recompensa de las notas de 6º de Primaria. La bici es verde y su tamaño es como las de adultos de estatura media. Tiene suspensión delantera. Haces que funcione o deje de funcionar mediante una mini palanca que está muy bien disimulada.
        Durante el resto de julio y al principio de agosto, salía una o dos veces a la semana con mi padre e íbamos hasta El Blimal y después dábamos un rodeo y volvíamos a casa.
      Como vivía enfrente del  polideportivo de La Magdalena, todos los días bajaba de una hora y media a dos a jugar al fútbol y al baloncesto.
        A mediados de agosto nos fuimos a vivir a mi pueblo ( San Martín de Gurullés) porque hubo un problema con los vecinos, dos de ellos pegaron a mi padre y le dejaron una herida en el cuello que le duró tres semanas, hasta que se le pasó.
      San Martín de Gurullés es un pueblo muy pequeño con 9 casas. En él hay más vacas que personas (hay unas 100 vacas y 25 personas). Es decir, 4 vacas por 1 persona.
        Lorenzo, Gabriel y Raquel son tres niños del pueblo con los que jugamos mucho.
        Aunque a veces hacemos cosas un poco arriesgadas, como, por ejemplo: saltar sobre los bolos de hierba para las vacas de nuestro vecino o bajar en patinetes  y monopatines atados con cuerdas por rampas muy empinadas y muy rápido …   Pero, aparte de eso, somos muy buenos.

Luca Tuñón   1º ESO B


UNA VISITA AL MÉDICO 

Cuando tenía 2 años, estaba de vacaciones con mis abuelos, mis primos, mis tíos y mis padres. Estábamos en Tapia de Casariego. Un día mis padres se tuvieron que ir para Avilés porque tenían que trabajar, y yo me quedé con mis abuelos.

 Un día íbamos para la playa con mis tíos y mis primos. mi prima y yo fuimos con con mi abuelo a cerrar el portón de la casa. Yo apoyé la mano en el cierre del portón, y mi abuelo sin darse cuenta la cerró y me pilló los dedos de la mano derecha. Yo me asusté mucho, pero mi abuelo más y eso que era ATS, porque sangraba mucho.

 Entonces, mis abuelos me llevaron al hospital de Jarrio. Allí me hicieron radiografías. Cuando peor lo pasé, fue cuando me llevaron a hacer una radiografía y no dejaron entrar a mi abuela y entonces yo tenía mucho miedo. Después de hacerme las radiografías, me llevaron a una sala para coserme porque se me habían quedado los dedos destrozados. Cuando me cosieron, mi abuela dice que no lloraba pero que estaba muy asustada, aunque le tenía mucho miedo al médico. 

Mi primera impresión de los médicos no fue muy buena, de pequeña me daba mucho miedo ir al médico, pero ahora no tengo ningún problema en ir.

Andrea González   1º ESO A



MI  ESCAPARATE  FAVORITO

    De pequeña yo no tenía escaparate favorito y llega el día de hoy que sigo sin tenerlo. Pero os puedo hablar de uno que me encantaba.

    El escaparate está en Candelada, un pueblo de Ávila. Pasábamos delante del escaparate cuando dábamos un paseo  por el pueblo. Al ver el escaparate, yo me paraba a ver los juguetes antiguos.

   Varias veces entramos. Había muchos juguetes de antes. Me acuerdo de uno que era una personita montada en un cochecito de antes, ese juguete me encantaba.
 
    Mi madre me decía que algunos de esos juguetes fueron de mi abuelo Rafael y que él vivió allí. Yo no sabía si era verdad. pues era posible que mi abuelo hubiera vivido allí porque nació en Candelada. Por ese motivo, cuando pasaba por allí me recordaba a mi abuelo que a saber qué estaría haciendo.

     A mí, si me dicen ahora qué me cogería del escaparate, sería el cochecito con la personita para acordarme de mi abuelo Rafael, que murió hace dos años.

     Me acuerdo de esa tienda, cómo miraba los juguetes de esa tienda con mi hermano mientras bebíamos nuestro Aquarius y nuestra madre diciendo que había que continuar con el paseo.
  
Raquel Salgueiro Monforte   1º ESO B





TRAVESURAS

                   Dice mi madre que siempre fui un niño muy tranquilo y si tengo que hablar de travesuras solo me acuerdo de dos.
                   A mis primos y a mi, nos gustaba mucho jugar a policías a policías y ladrones alrededor de la casa por todo el prado. Ese verano, nos habían regalado una pistola de juguete que lanzaban pequeñas bolitas de espuma que disparábamos a una diana, para comprobar la puntería. Una mañana, con mi primo Juan, no sabíamos lo que hacer y éramos pocos para jugar a polis. En ese momento empezaron a cacarear las gallinas del vecino y nos miramos sonriendo. Se nos había ocurrido la misma idea, lanzar bolas a las gallinas. Armamos un buen alboroto en el gallinero y nos reímos mucho, pero lo dejamos a los cinco minutos porque, si nos pescan, nos matan. En realidad, no les hicimos ningún daño, porque nuestra puntería era muy, pero que muy mala.
 la segunda travesura fue meterme con mi hermana bajo la Cama de mis padres. Estuvimos calladitos sin movernos. Cuando mi padre subió y se metió en la cama, mi hermana y yo le agarramos cada uno un pie y casi se muere del susto. Se levantó como un resorte asustado y a nosotros nos dio un ataque de risa. Nos ganamos una pequeña reprimenda y luego un buen castigo; “diez minutos de cosquillas sin parar, ayudado por mi madre “. Al final, mereció la pena la travesura.


                   Carlos Carballo Álvarez  1º A



 MIS PRIMEROS DÍAS DE COLEGIO

            En mi primer día de colegio yo iba muy feliz, según lo que me han contado mis padres. Hasta que empecé, justo antes de empezar me entró el miedo y estuve a punto de llorar. Dentro del aula nos recibió una amable profesora que sería nuestra tutora, se llamaba (y se llama) Pilar (Pili). No recuerdo mucho más, sólo me acuerdo de que el aula era amplia pero estaba llena de muebles y de mesas en las que hacíamos grupos para dar clase o hacer trabajos.

            De otra cosa de la que sí me acuerdo es de los cumpleaños, era como una gran fiesta pero en clase. El recreo era lo que más nos gustaba, ya que los primeros meses corríamos alrededor del pequeño edificio de párvulos, después, jugábamos con los toboganes que allí había.


            Cuando ya se cogía confianza  con los profesores y los compañeros, se trabajaba más y se hacía mucho más ameno el trabajo, aunque era difícil porque en esa época ¡ninguno de esa clase sabíamos hablar!

Álvaro Sacristán de Frutos   1º ESO B



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