domingo, 30 de junio de 2013

NUESTROS RELATOS VIAJEROS


EL SECRETO DEL NIEMEYER

Todos sabemos qué es el Niemeyer, quién lo hizo, dónde y aproximadamente cuándo, pero nadie sabe el porqué.

El Niemeyer es un conjunto de tres edificios: el auditorio, el mirador y la sala de exposiciones, a los que se accede pasando por el puente situado en la ría. Lo hizo Oscar Niemeyer y se inauguró el 26 de marzo de 2011.

23 de enero de 1994, Brasilia, Brasil.

Querido diario, hoy es un día de lo más normal, lo único diferente de los demás días es que hoy no se me ha ocurrido ningún diseño para realizar obras, es triste saber que cuando van pasando los años, mi mente va envejeciendo y las ideas tardan más en fabricarse y salir a la luz, ya son 87 años y los problemas de salud no hacen más que empeorar mi capacidad de diseño y mi originalidad, como ya casi no gano dinero, pedí un préstamo a la mafia brasileña con un plazo de un mes y ya solo me quedan dos días, tengo que pensar algo y pronto, quiero hacer algo con formas geométricas, de formas que podamos encontrar a diario, con unos colores vivos, y un significado, no quiero que sean esculturas huecas, quiero que sean grandes y con cosas para el disfrute de las personas, y que no solo sean esculturas, sino que también haya un espacio para que los niños correteen y una cafetería con un diseño también original para que los padres descansen. Bueno, diario, me despido, voy a hacer bosquejos y maquetas ver qué se me ocurre.

Me dirigí a la despensa a por mi caja de herramientas, mala decisión mía ponerla en la balda de arriba, cogí un pequeño taburete y me subí a él, ese taburete no paraba de cojear, me estaba poniendo de los nervios, alcancé la caja de herramientas y la pata que cojeaba del taburete se partió, la caja cayó al suelo y todo se esparció por el suelo.

Tardé horas en recogerlo todo; cuando terminé, dejé la caja en la mesa y me dispuse a hacer las maquetas cuando resbalé con algo y caí al suelo y me quedé inconsciente. Cuando desperté vi a mi lado un pequeño tornillo tumbado, claro que, como yo también estaba tumbado, el tornillo parecía estar de pie; me quedé pensando durante un buen rato y me di cuenta de que esa era la primera estructura, “el tornillo”, tendría que darle un uso, pensé en algo bonito y grande con cristaleras para observar el paisaje, cogí un folio y bosquejé un tornillo, con adornos y cristaleras, con una escalera de caracol enrollada en torno a él y un ascensor por su interior, para que la cabeza del tornillo fuese una cafetería de cristal en la cual poder tomarse un café o un té con hermosas vistas.


24 de enero de 1994, Brasilia, Brasil.

Querido diario: Hoy nada más despertarme pensé en que necesitaba una ducha, cuando estoy en la ducha me relajo y tengo tiempo para pensar en mis cosas, reflexionar y tener ideas, pero hoy prefería un baño, un baño largo y relajante.

Llené la bañera hasta arriba con espuma y agua caliente, esos baños solían ser aburridos y este no era una excepción, así que empecé a hacer pompas de jabón, en un principio pensé que otra de las esculturas podía ser esférica, pero no podía ser, sería una escultura inútil y ganaría menos dinero, por lo que no podría pagar la deuda. Justo cuando ese pensamiento se desvaneció, una de las pompas cayó en el borde de la bañera formando una silueta semiesférica; esa era la forma que buscaba, una semiesfera, pero, ¿qué significado le podría dar?

Salí de la ducha, me sequé y me vestí, fui al salón y me senté en
mi sillón favorito, el más cómodo, terciopelo azul eléctrico con manchas púrpuras con automasaje y reposapiés, me quedé observando la pared como quien mira las nubes y mi vista fue a parar a un cuadro abstracto de colores vivos, pensé que la segunda escultura tendría que ser de atracción e interés social, algo como una sala de exposiciones de cuadros y esculturas, así que solo me quedaba una escultura, un puente de acceso y una segunda cafetería que podría contener sala de juegos para los más pequeños, me queda el día de hoy, cogí rápidamente un folio y dibujé.

Venga, Oscar, no puede ser tan difícil, tú puedes.”

Recibí una llamada, era la mafia, preguntaban que si ya lo tenía; yo, inconscientemente, afirmé tímidamente, estarían en mi casa en dos horas, tenía que pensar rápido, me estaban apretando las tuercas. Decidí darme prisa, fui corriendo a la despensa y cogí la plastilina blanca, la azul, la roja, la negra y la amarilla, hice una maqueta rápida de la futura sala de exposiciones y le hice un corte un tanto artístico, ni vertical ni horizontal, le di una ligera curva como si fuese una rodaja de limón y le puse una placa de plastilina amarilla en el interior, pero todavía quedaba un poco soso, cogí trozos de plastilina negra y los fui formando una silueta en la placa de plastilina amarilla, me gustaba el diseño, cogí otro folio y lo dibujé.

Recibí una llamada, les dije que ya lo tenía todo, me pidieron un lugar para exponer mis esculturas, me quedé mudo, fui corriendo al ordenador, fingí como si no me acordase del nombre y hubiese ido a mirarlo a un possit en la nevera, en el Google Maps busqué lugares remotos, un tanto alejados, me fijé en España y Portugal, escogí España.

Era perfecto, le dije que esperase, busqué en las páginas amarillas internacionales el número de teléfono del Ayuntamiento de Avilés, tras un cuarto de hora dialogando me dieron el permiso para completar y finalizar. Cogí el teléfono, les expliqué el lugar, la dirección y mis esculturas, les dije que la segunda cafetería tampoco tenía que ser una gran escultura, que con algo grande valdría, también pedí unos altos pasillos entre cada escultura y una gran plaza en la que la gente pudiese jugar, ellos me interrumpieron y me dijeron que había dos inconvenientes: para llegar a aquella explanada que ahora solo eran andamios y obras había que pasar por encima de la ría y de la RENFE; uno de los problemas ya estaba solucionado, había un puente de arcos multicolores que pasaba por encima de la ría sin destino fijo, así que sobre la marcha hice un dibujo rápido algo abstracto de un puente y se lo expliqué, decidí hacerlo de acero oxidable para que pronto tomase el color llamativo del óxido, en forma de grapa y con eslabones de madera.

Ese era mi diseño, ellos luego que pusiesen rampas, exposiciones de fotos o lo que quisiesen, yo ya doy mi trabajo por terminado, por la atracción turística y la ofrenda de bienes turísticos podría ganar bastante dinero aunque luego perdiese gran parte por licencia de obra y por el préstamo, ahora se podría decir un “Adiós QUERIDÍSIMO diario.”


       Izan Porras Ortega 1ªC E.S.O






LA MONSTRUA

Desde pequeño siempre me llamó la atención la estatua de "la monstrua" que está en Sabugo. Su nombre era Eugenia Martínez Vallejo y sufría una gran obesidad. Acompañaba a los infantes en la corte.

Esta es la historia que os voy a contar:

Un dos de enero en la calle de Rivero junto a la fuente de los caños, apareció el cadáver de un anciano, el hombre estaba echado en el suelo y su gesto era de auténtico terror. Enseguida llegó al lugar de los hechos el detective Patricio, un chico de unos veinticinco años al que le gustaba cualquier tipo de intriga. Observó el escenario del crimen y miró en uno de los bolsillos de la víctima que llevaba una nota en la que ponía una simple letra "M"; Patricio no se explicaba lo que quería decir aquella nota.

Pasaron los días y en la ciudad todo estaba tranquilo hasta que el martes trece de enero apareció otro cadáver en el Parque de la Marquesa. Se trataba de una mujer de aproximadamente unos cincuenta y cinco años. Cuando Patricio llegó al lugar del crimen, todos los policías tenían cara rara porque había una nota que encontró uno de los policías del FBI en el bolso de la mujer que ponía la letra "O". “¡Qué cosa más extraña!”, pensaba Patricio, en pocos días dos asesinatos y dos notas que cuando Patricio las juntó formaban "MO".

Durante el mes de febrero aparecieron otros tres cadáveres, cada uno de ellos contenía una carta con su letra; en este caso eran las letras "N", "S", "T". El detective se volvía loco con cada letra que encontraba e intentando descifrar el mensaje que les transmitía el asesino, pero no lograba descifrarlo.

Un día mientras desayunaba y leía el periódico Patricio vio una noticia que le llamó la atención: los vecinos del barrio de Sabugo aseguraban que la estatua de la "MONSTRUA" cada día estaba más delgada. Patricio, sin pensárselo dos veces, se dirigió a Sabugo, observó la estatua y habló con los vecinos, que le enseñaron imágenes de la estatua antes del cambio y, efectivamente, la estatua parecía estar más delgada.

Patricio ató cabos y las letras de los cinco asesinatos formaban la palabra "MONST". ¡Increíble!, ahí tenía una de sus mejores pistas; ¿sería una coincidencia?

En el mes de marzo hubo otro asesinato, esta vez en la iglesia de Santo Tomás. Junto al cadáver había una nota: la letra "R". Todo coincidía "MONSTR". Los vecinos de Avilés y Patricio enseguida fueron corriendo a Sabugo para observar la estatua y efectivamente estaba más delgada.

En la ciudad todo el mundo tenía miedo, ¡una estatua asesina!, la gente no paseaba por Avilés y sus calles estaban desiertas.
Una mañana de abril aparecieron otros dos cadáveres junto a dos notas: la letra "U" y la letra "A", todo cuadraba. Patricio con un grupo de policías se dirigió a Sabugo y cuando llegaron allí se encontraron que la MONSTRUA había desaparecido, en su lugar solo quedaban el vestido y los lazos del pelo, ¡parecía cosa del diablo!

No hubo más asesinatos ni más notas, nunca se resolvió el enigma.

En Avilés, no se te ocurra mencionar el nombre de la MONSTRUA porque sus habitantes tienen miedo, igual que un día desapareció podría volver a aparecer.

David García Blanco, 1ºB




MEMORIAS DE UNA MURALLA

Román (13 años) , año 1013

Hacía poco que a Román le habían hablado de la construcción de la muralla. Él nunca había visto una muralla, pero más o menos sabía lo que era; un muro para protegerse de los ataques. ¿Ataques ? Nunca en sus trece años le habían contado nada de que Avilés hubiese sido saqueada. En esto estaba pensando Román cuando oyó a su madre:"¡Todos a la mesa!"

El muchacho se sentó a la mesa y, como era costumbre, sus dos hermanos y su hermana se estaban peleando por el sitio donde se querían sentar, que como siempre todos querían el mismo. Cuando estaban sentados en la mesa, Carlota, la madre de Román, sirvió la cena. Los comensales no pusieron buena cara. ¿Después de estar todo el día trabajando sin parar lo único que se llevarían a la boca era sopa que ni siquiera tenía trozos de pan? Nadie dijo nada hasta que la pequeña Matilde de tan solo cuatro años de edad chilló: ¡Madre, tengo hambre!  En ese momento los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas.

-¿Por qué llora madre?

El padre percatándose de la inocencia de la niña le dijo:

-Es que se ha acordado del ataque que sufrió Avilés cuando era niña. Un día estaba en el mercado con sus padres vendiendo ganado y de repente hubo un gran estruendo y todo el mundo empezó a correr . Vuestra madre, que, por aquel entonces tenía 5 años, se asustó mucho y empezó a llorar, no encontraba ni a sus padres ni hermanos por ninguna parte. En aquella algarabía era imposible que nadie te oyera por más que chillases y no paró hasta que sus padres la encontraron y le dijeron "ya estás a salvo, tranquila, todo ha pasado" . Entonces se acuerda de sus pobres padres y llora. Venga y ahora a dormir que ya está oscureciendo, tendríais que estar dormidos hace rato.

Nada más echarse en la cama Román se quedó dormido, aunque las patadas de sus hermanos de vez en cuando le despertaban pero se volvía a quedar traspuesto enseguida. Tal vez debía hablar con su padre para que le explicase para qué servía la muralla porque él aún no lo entendía muy bien, aunque tal vez no estaría mal construir una muralla…



Clara (13 años) , año 1813


-Señorita Clara, ¿Podría decirme la solución de este problema?

Clara miraba a la pizarra sin saber qué decir. Si contestaba mal le darían una azotaina y si no contestaba estaba en las mismas.

-Es que no estaba atenta.

-¿Qué le pasa esta semana? La noto muy distraída.

-Nada, yo estoy bien.

-Ya puede ir pensando porque a la salida me lo contará. Y haga el favor de estar atenta lo que queda de clase.

-Sí, señor.

Al terminar la clase el maestro dijo:

-Pueden irse, que tengan un buen día. Clara quédese aquí, tengo que hablar con usted.

Cuando todos los niños se fueron Clara se aproximó a la mesa del maestro.

-Coja una silla, siéntese a mi lado y cuénteme. ¿Qué le ocurre esta semana? Siempre ha sido una alumna ejemplar, pero lleva unos días muy distraída.

-Me he enterado de que van a demoler la muralla.

-Sí, es verdad pero el alcalde Luis Folgueras Hevia dice que favorecerá mucho a la villa derribar la muralla tanto en el comercio como en el transporte.

-¿Sí?, pues usted mismo nos dijo que la muralla había sido levantada en el Medioevo para protegerse de los ataques y tal vez también para mejorar el comercio además de ser parte de la historia de Avilés. ¿Por qué ahora la derriban? No me coge en la cabeza.

-Pero una niña de trece años no tiene porque estar preocupada por la destrucción de la muralla. ¿Qué hace que sea tan especial para usted?

-Desde que tengo memoria mis amigos y yo nos colábamos en la muralla y subíamos a las almenas a jugar al escondite, a las guerras o simplemente mirábamos el bello paisaje, hasta que un día nos encontraron subiendo a la muralla y nos dijeron que no volviésemos que la muralla iba a ser demolida dentro de poco y por eso estoy tan triste. No paro de pensar en cómo será mi vida sin la muralla.

-No pasa nada, siempre le quedará el recuerdo y ahora vayase a casa y piense en lo que le he dicho.

Aquella noche Clara pensó en su conversación con el maestro y pensó que tenía razón, seguro que encontraba un lugar mejor para divertirse con todos sus amigos. Todos los sentimientos de Clara hacia la muralla se desvanecieron con sus últimos escombros.

En mi opinión no tendrían que haber derribado parte la mayor parte de la muralla porque empobrece una villa que en esta época consumista podría ser Patrimonio de la Humanidad y además favorecer a Avilés cultural y socialmente. Además de esto podría tener mucho más éxito turístico.



MI VIDA EN
CUATRO LÍNEAS
Nací en un pequeño pueblo de Extremadura, viví allí con mi familia durante cuatro años, lo tenía todo, me consideraba un niño feliz, a pesar de que pasábamos muchos apuros económicos. Padre trabajaba en el campo, de sol a sol, sin descanso, y encima estaba muy mal pagado. Madre trabajaba en las tareas domésticas y cuidaba de mí y de mis seis hermanos, yo era el más pequeño. Un día, cuando llegué a casa de jugar en la calle con mis amigos, madre estaba muy apurada preparando las maletas, pero como yo todavía era muy pequeño, pensé que era un juego y no le di más importancia, hasta que al día siguiente padre nos reunió a mí y a mis hermanos en una diminuta sala que madre usaba para coser y sacarse unas cuantas pesetas, toda aportación económica era buena. Padre nos dijo que debido a nuestra mala situación económica, tendríamos que irnos a Avilés para empezar una nueva vida puesto que allí las expectativas de trabajo eran mayores, porque se acababa de abrir una nueva fábrica de altos hornos en la que se fabricaba acero, y parece que habría trabajo para todos. Nos hospedaríamos unos días en casa de nuestros tíos Gerardo y Rosalía, y sus cinco hijos: Antonio, Manolito, Encarna, Rafael y María. Permaneceríamos allí algunos meses, hasta que padre encontrara alguna casa que no se saliera de nuestro presupuesto mensual.

Poco tiempo después de llegar a Avilés, padre consiguió un trabajo en Ensidesa, ganaba un poco más que antes, pero trabajaba en mejores condiciones y con más calidad de vida, por otro lado el futuro para nosotros era mejor que en Extremadura. Avilés estaba bastante bien, pero no tan bien como nuestro pueblo, el cielo no era azul sino que era negro debido a los humos que expulsaban las fábricas en las que trabajaba padre, era una ciudad tranquila, pero no más que el campo que rodeaba mi casa y en el que me pasaba todas la tardes jugando con mis hermanos. En cambio Avilés tenía otras muchas cosas que en el pueblo no había, tenía mar, cosa que nunca antes había visto, también había más gente que, como nosotros, había venido a Avilés en busca de una vida mejor.

Un año después de nuestra llegada a Avilés, el tío Gerardo cae enfermo y muere al poco, por lo que mi tía Rosalía y sus cinco hijos vuelven al pueblo para que la madre de ésta le ayude con sus hijos. Nos ceden su casa, a partir del día en el que la tía Rosalía se vuelve al pueblo, nuestra situación económica empieza a mejorar puesto que ya padre no tendrá que buscar un nuevo hogar y afrontar su pago y todo lo que una casa conlleva.

Tras la muerte de madre, la calidad de vida de padre empieza a descender hasta que este cae enfermo, pero logra recuperarse y seguir trabajando con la misma o más vitalidad con la que afrontaba su trabajo. Poco después uno de los jefes de padre muere y entonces sus superiores deciden ascenderlo debido a la buena labor que realiza cada día en su puesto de trabajo. A partir de ese momento gana lo suficiente como para darnos a los siete la vida que merecemos y que durante tantos años hemos estado buscando.

A los veintitrés años consigo sacarme la carrera de magisterio y empiezo a ejercer como profesor en una pequeña escuela de la localidad avilesina. Poco después padre fallece y mis hermanos y yo nos empezamos a separar.

Hoy, 60 años después de eso, tengo mujer y dos hijos, también tengo varios nietos a los que ya les he contado varias veces esta historia. Mi nieto mayor, Jorge, que tiene 13 años, me ha preguntado que si yo he sido feliz en mi vida, y yo le he contestado todas las veces que sí, porque no hay nada que me haga más feliz que tener al lado a mi familia. Es cierto que cuando padre murió, perdí la relación con todos mis hermanos, pero ahora, aunque cuatro de ellos hayan fallecido, guardo muy buena relación con los otros dos, porque la familia es lo mejor.

Ahora soy el dueño de la cadena de patatas Sedano, patatas que siembran mis primos en el pueblo y que las envían aquí para que extienda el negocio familiar que nos da nombre: SEDANO.

Tengo que darles las gracias a Avilés y a toda esa buena gente que ha estado apoyando a mi familia en esos momentos tan duros, yo no solo soy extremeño, soy también AVILESINO.

Ana Belén Sújar 1º D



Palabras y mentiras

Miriam tiene 13 años y vive en Avilés con su familia adinerada, en la calle José Manuel Pedregal, en una mansión azul y que tiene a su alrededor una gran extensión de prado. Su familia nunca tiene tiempo para poder atenderla, está ocupada en otros asuntos como asistir a reuniones, ir a grandes fiestas, atender a sus negocios…
Miriam, a pesar de todo el dinero que tiene, no es feliz y siempre está triste, sus padres nunca la atienden; nunca sale con ellos, no va de vacaciones con ellos, y nunca cenan juntos, como una familia normal. Además en el instituto no tiene amigos, no es muy sociable y, encima, siente un gran vacío que no quiera hablar con nadie.
Son las doce y media de la noche, Miriam está en la cama y no puede dormir. Piensa que está cansada de vivir de esta manera, que, para vivir así, prefiere no vivir y decide que al día siguiente, cuando se levante, se tirará por la ventana del desván de su lujosa casa.


Ya es por la mañana y suena el despertador para ir a clase, pero Miriam tiene otros planes. Sube al desván y mira por la terraza, pero está demasiada alta para poder ver las vistas y ahí suicidarse; entonces decide buscar unos libros para subirse a la valla de la terraza. En el desván hay un montón de libros viejos en los altos estantes, entonces coge un montón de ellos y ¡Uy se ha caído un pequeño libro! Miriam, coge “el libro” y ve en el título:”Libro de familia”, y, por curiosidad, abre el libro y ve el nombre de una mujer, que se llama “María Río Blanco”; Miriam sigue leyendo y ve su fecha de nacimiento, y más abajo pone: “viuda de Alberto Romero Techa”; ella sigue pasando hojas y en una de ellas se para, porque pone “primer hijo/hija” y ella lee “Miriam Romero Río”, también lee su fecha de nacimiento 2/5/2000. En ese momento, a ella le late el corazón muy deprisa y en ese instante piensa:
- ¿Seré adoptada, esa se llama como yo, ha nacido el mismo día y el mismo año que yo?. En cuanto lleguen mis padres exigiré una respuesta. ¿Por qué sino tendrían este libro? Ella pensaba una y otra vez.
Dos horas después, “su madre” llega a casa y se pone a leer cartas e invitaciones a fiestas y Miriam le dice:
- Mamá es que, esta mañana he subido al desván y…
- Miriam, ahora no tengo tiempo, vete a hacer otra cosa.
- No, mamá necesito hablar contigo.
- ¿Qué quieres?
- Esta mañana he subido al desván y he encontrado un libro de familia, en el que figuraba el nombre de una mujer desconocida, que estaba viuda y tenía una hija que se llamaba como yo y que nació el mismo día y el mismo año que yo, ¿por qué tú tienes ese libro?
- Miriam, no sé de qué me estás hablando, an, an, anda… vete a tu habitación.
Miriam, mosqueada, subió al desván de nuevo, cogió el libro y se lo enseñó a “su madre”.
- Mira el libro, mamá, si me tienes que contar algo, no me mientas.
- Bueno, Miriam, cuando naciste, tu madre -que se llamaba María- era demasiado pobre. Yo era su mejor amiga y lo menos que pude hacer por ella fue acogerte a ti y le dije que se fuera a otro país para que pudiera trabajar y ganar dinero y después, cuando ya lo tuviera, poder venir a Avilés y poder estar contigo. Así que ella se fue con tu padre, Alberto, a un país de Asia. Pero en el viaje a tu padre le dio un ataque al corazón y falleció. Tu madre, pese a que estaba muy triste, siguió su camino a Asia, y allí llegó a Islamabad. Desde allí, me envió una carta, diciéndome que había llegado bien, pero que era un lugar un poco extraño y unos hombres la habían obligado a llevar un velo en la cabeza llamado burka. Ella también dijo que no enviaría más cartas y que me deshiciera de ésta, para que tú nunca la vieras. Tu madre no quería que supieras que fuiste adoptada por nosotros.

Estas últimas palabras le perturbaron a Miriam su cabeza, así que cogió el libro y, sin decir una palabra, se fue para su habitación.
Esa misma noche, tomó otra gran decisión, mañana se iría a Pakistán, para conocer y ver a su verdadera madre.
Al día siguiente por la mañana hace su maleta, con todas sus cosas, y coge todo su dinero, que era mucho, y también un papel en el que escribe a sus “expadres”:
“Muchas gracias por haberme mantenido estos 13 años,
pero he decidido irme a buscar a mi madre biológica,
que es donde creo que debo estar.”
Un gran abrazo
Miriam.”

Miriam va entonces al aeropuerto, y le dice a una chica del mostrador de embarque:

-Perdona, quería un vuelo urgente a Islamabad, la capital de Pakistán
-Cielo, tengo uno libre, pero cuesta 1069 €.
-No importa, tengo 30.000 €, ¿pero será directo, no?
-Si, por supuesto; pues entonces son 1069 €
-Aquí tiene.

Miriam iba dirección a un nuevo mundo, se iba a Pakistán.
Cuando llega al aeropuerto de Pakistán y piensa con su inocente cabeza: ¡Qué raro, a ninguna mujer se le ve el pelo, algunas se le ven sólo los ojos!. Nada, serán las modas…
Llama a un taxi que hay por ahí y le dice que la lleve a la policía de Islamabad; el taxista así lo hace. Y cuando llega a la policía mantiene allí la siguiente conversación:
-Perdonad, soy Miriam, me podéis decir dónde vive la española María Río Blanco.
-Si, claro, pero tendrá que esperar unos minutos.
-De acuerdo.
-Vive en la calle Afglastán Maraha nº 63
-Muchas gracias, adiós
Con el corazón alterado Miriam pregunta a una señora mayor dónde está la calle que le dio el policía. La señora le dice que vaya todo recto durante dos kilómetros y luego gire a la derecha. Miriam sigue las indicaciones. Y cuando se supone que ha llegado, le vuelve a preguntar a una chica joven, más o menos de su misma edad y que lleva una especie de velo en el pelo y Miriam le dice, “¿Cuál es el número 63 de esta calle?”. La chica del velo le dice que está a su izquierda, y entonces ella sigue a su izquierda y ve el número 63. Miriam estaba muy nerviosa, ¡por fin iba a conocer a su verdadera madre!. Llama a la puerta y la abre una señora de mediana edad, muy bella, a la que no se le ve el pelo. Miriam, impaciente, le dice:
-Hola, buenas tardes, ¿es usted María Río Blanco?, yo soy Miriam, su hija.
-Miriam, ¿eres tú?
-Si, mamá soy yo.
Las dos se abrazan, emocionadas, fuertemente y Miriam entra en su casa. La niña le cuenta toda su triste historia y la madre le dice:
-Miriam, hoy es el mejor día de mi vida, hacía 13 años que no te veía y por fin puedo tocarte. Pero aquí no estás segura, los hombres son unos machistas y te obligarán a casarte ahora y encima con hombres de 50 años. Y tendrás que ponerte un “burka”. Lo mejor será que te vayas, no quiero que sufras más, quiero que seas feliz.
Pero Miriam le contesta:
-Mamá, contigo siempre seré feliz.

La madre le da otro fuerte gran abrazo y las dos deciden que se van a adaptar a las condiciones de vida de Pakistán.


Paula López Peñín 1ºA ESO IES Nº 5 de Avilés



Una de Piratas

La ciudad de Avilés amanecía con un sol resplandeciente en el horizonte; Avilés es una pequeña ciudad en el norte de Asturias, que tiene muchos parques y monumentos, entre los más conocidos la escultura de  tres picos hechos con acero y efecto óxido que está cerca del muelle. Una mañana de 1568 Pedro se disponía a salir al mercado, que está en la llamada calle de la Fruta, cerca de un gran ayuntamiento con columnas de piedra y banderas en lo más alto, además de un gran reloj de arena. Pedro quería comprar unos alimentos para la semana que se avecinaba, pero justo a la mitad del camino se empezaron a oír cañonazos y gritos; este era el momento que Pedro tanto odiaba: cuando los piratas bombardeaban la ciudad con sus temibles barcos. Esto mismo le sucedió a Pedro el día siguiente, pero ya estaba harto y entonces decidió subirse a uno de esos barcos que paran a por víveres. Y así lo hizo, subió a bordo cuando el capitán estaba dando un discurso y se metió en la bodega; era un día con niebla y por lo tanto nadie lo vio, y así nuestro intrépido Pedro se lanzó a vivir las aventuras con los piratas.
Así estuvo, escondido,  cinco largos años;  en aquella bodega de donde salía de vez en cuando, cuando nadie miraba, para coger alimentos. Pero, sin embargo, a él esos cinco años le pasaron como si fuera uno. Hasta que un día, mientras dormía, los piratas se vieron obligados a entrar en batalla y una bola de cañón perdida impactó en barco y Pedro se vio obligado a saltar al mar para salvar su vida. Cuando pudo volvió a subir a la cubierta y saltó en uno de los botes salvavidas, entonces soltó la cuerda que lo sujetaba y se puso a remar durante días. 
Una vez sano y salvo, consiguió llegar a  Avilés y allí contó a toda la gente lo que le había pasado a lo largo de aquellos cinco años. Por ejemplo, les dijo que en su viaje a través del mar no había estado solo porque había atraído a una foca que posteriormente se hizo muy famosa en Avilés;  también descubrió -por suerte más que por otra cosa- una isla en la que pasó dos años porque en ella tenía comida y cómo había vivido  dos años con una tribu de indígenas que le enseñaron, entre otras cosas,  a cazar.
Y aquí se acaban las aventuras de Pedro, a quien, cuando hacía un año de su regreso a Avilés, la suerte le sonrió y se casó con Cristina,  con la que tuvo tres hijos con los que fueron muy felices.

                             Roberto Varea Quintana  1º C ESO   IES N º 5 de Avilés