miércoles, 11 de enero de 2017

Trabajando con las lenguas

Los alumnos y alumnas de 2º de ESO trabajaron por grupos durante estas últimas semanas para conocer una lengua peninsular y compartir información con sus compañeros sobre su historia, sus características, su literatura, su situación sociolingüística, etc. El resultado son estos trabajos mural que ahora compartimos en nuestro blog y que sirvieron de base para las presentaciones que hicieron ante sus compañeros.


















martes, 3 de enero de 2017

Yo cuento, tú lees

MI FAMILIA
        Os voy a hablar un poco de mi familia y vamos a empezar por mi padre.
            Mi padre, Jose Carlos Currás, nació en un pueblo de Pontevedra, Galicia, llamado Moaña. Nació en una familia obrera, que luego explicaremos. Mi padre siempre hizo remo, en su pueblo. Un día estaban entrenando, hacía mal tiempo y el agua estaba turbia. La embarcación se les llenó de agua y se hundió, estuvieron en el agua una media hora, que estaba fría porque era invierno, esperando a que fueran rescatados; ahí no se rompió nada de milagro, porque es muy dado a eso. Se ha roto un dedo, la rodilla, el tabique nasal y la clavícula. Os voy a contar cuando se rompió el dedo. Un año fueron a descender el cañón del río Droba. Mi padre, al poco de comenzar el descenso, se cayó en una roca y se rompió un dedo. Pero como no se podía dar la vuelta, continuó con el dedo roto. En el grupo hubo otros percances que les retrasaron la marcha, tanto que se hizo de noche y tuvieron que pasarla durmiendo sobre unas piedras.

            Ahora os voy a hablar un poco sobre mi madre, que parece que la tengo abandonado, de tanto hablar de mi padre. Ella, Ana Giménez, nació en Zaragoza y también nació en una familia obrera.

            A mi madre cuando era pequeñita le encantaba la fruta, así que, cuando mi yaya se despistaba, iba a la basura a coger las peladuras para comérselas.

            Ella llegó a Avilés con 26 años, a trabajar, pero viajaba mucho a ver a sus padres. Estaba tan acostumbrada a viajar en el tren que iban a recogerla en una estación anterior a la de Zaragoza, estaba dormida y cuando pasaron la estación se despertó y vio a sus padres por la ventanilla mientras el tren se iba. Al llegar a Zaragoza, el jefe de estación llamó al de la otra estación para llevarla de vuelta, se puso a leer, estaba entretenida y se volvió a pasar y mis yayos la tuvieron que ir a buscar en coche.

            Mis padres se conocieron en su trabajo, se vieron los dos aquí y se conocieron. Después de unos años se casaron y tuvieron a mi hermano y dos años después a mí.

            Mi hermano, Jaime Currás, nació en Avilés el 11 de febrero de 2002, eso quiere decir que es mayor que yo. Mi hermano y yo nos peleamos todos los días, nos pegamos, pero, al fin y al cabo lo quiero un poco. Él hace balonmano, es portero y juega en el “Bosco”, estuvo en la preseleccionado para la Asturiana, pero en el último corte lo quitaron.

            Mi hermano, de pequeño, era muy travieso, al contrario que yo. Se daba cabezazos con la silla en la comida, se escondía cuando se querían ir. También es muy despistado, se deja la merienda olvidada, la chaqueta, los libros... En fin, es mi hermano.

            Mis primos, Raúl y Diego Giménez, ellos son de Zaragoza, tienen solo un año más que yo, y me llevo muy bien con ellos. Los quiero mucho aunque solo los vea en invierno y verano; por eso nos vamos de vacaciones con ellos, y con mis tíos, por supuesto.

            Ahora toca hablar sobre mis a yayos y abuelos. Mis yayos viven en Zaragoza, son muy viejitos, y casi no viajan, por eso también los veo menos. A mis abuelos los veo más por el tema de la distancia, al igual que a mis tíos que viven en Moaña, con los que me lo paso genial.
        Alicia Currás Giménez, 1º ESO C

MI PRIMER DÍA EN EL COLEGIO

        La verdad es que no me acuerdo de nada de mi primer día, y mis padres tampoco. De lo poco que me acuerdo es de que era de la clase de los ositos, que era mandilón rojo y que el primer día lloré.
Una anécdota que me contaron mis padres era que el primer día se marcharon muy tristes porque me había quedado llorando. Al volver, la cuidadora les contó que a los quince segundos ya estaba jugando y corriendo.
         Otra anécdota que me contaron mis padres fue que un día mi madre venía supercontenta porque venía a recogerme al comedor, y en cuanto la vi, dijo que salí corriendo en otra dirección.
         Otra más que me contaron (espero no aburriros) fue que el fin de semana había tirado el chupo al río para los peces ``pequeñines´´. Entonces mis padres fueron a contar al colegio que ya no me dieran el chupo a la hora de la siesta porque ya lo había tirado al río. ¡Pues les dijeron que ya no lo chupaba desde hacía un mes!
         La verdad es que no se acuerdan de nada más, pero yo creo que con esto ya os haréis una idea de mis primeros días en el colegio.
         ¡Ah! Se me olvidó decir que los días que estaba cansado me dormía en el comedor y, cuando me despertaba, tenía la cara llena de la comida del plato.
        Pelayo Pérez Cueto, 1º ESO A

  
  Mi Escaparate Favorito

Este mismo verano, sí, en 2016, vi la tienda… Una tienda especial, exclusivamente en una especialidad: Videojuegos. Os diré cómo empezó, en una calurosa rade cuando fui a ‘La Feria De Muestras’, en Gijón.

El viaje a Gijón fue tranquilo, pero cuando fuimos… Había tanta gente que casi no podíamos hablar. Había coches exóticos, motos, quesos, pañuelos, hierbas. ¡¡Hasta un palo de selfie más grande de lo normal!! 

Pero cuando fuimos al ‘Fuerte Apache’(un sitio de tiendas), todo cambió. Había una tienda de Frikis y Anime. Había figuritas, peluches, medallas, maquetas,pines, etc. ¡¡Todo de juegos, series de televisión, comics, manga!! Lo que pasa es que era todo muy caro. Pero no me pude resistir y me compré una figura de un personaje de 30$. Mereció la pena.

Mario Sánchez Estévez,  1ºB ESO

Mi travesura

Os voy a contar mi peor travesura hasta el momento, la verdad es que no tenía ni idea, porque era muy pequeño y no me acordaba, hasta que mi madre me lo dijo, y la verdad que me quedé asombrado, nunca pensé que fuera capaz de hacer algo así. Lo que hice fue:

Mientras que todos los niños de la guardería comían, mi cuidadora se dejó mi silla sin abrochar, entonces me baje y las cuidadoras no estaban allí, así que encima de una mesa había un biberón lleno de agua y empecé a mojar a chorros a todos los niños y de repente salió la cuidadora y me vio mojando a un niño que estaba llorando. Pero, bueno, de aquella tenía cuatro o cinco años y ahora me sigo riendo cada vez que me lo cuentan.

Todos las cuidadoras decían que no estaba quieto un minuto y me lo siguen diciendo, pero son de estas cosas que te echan la bronca y luego te ríes de ellas, la verdad que fue toda una anécdota.

          Nel González Gálvez. 1º ESO A

Mi primer día en la escuela

Empecé al colegio con tres años, en septiembre de 2007, en el Colegio Público ``El Quirinal´´, que sería mi colegio durante los nueve años siguientes.
Fue uno de los días más importantes de mi vida. Me acompañaron mi madre y mi abuela. Durante un par de semanas estuve en el llamado ``periodo de adaptación´´. Consistía en ir dos horas al colegio para que nos fuéramos adaptando, como su propio nombre indica. Luego ya se formó la clase definitiva, con veinticuatro alumnos, de los cuales sólo éramos seis niñas. Nuestro grupo era el de ``los ositos´´, y nuestra profesora Inmaculada, con la que estuvimos hasta segundo de Primaria. Llevábamos mandilón, de color rojo, con nuestro nombre e inicial en caso de que en clase hubiera dos alumnos con el mismo nombre.            
  
Durante esa época aprendimos a leer, a escribir, a sumar, a restar, a respetar… y un montón de cosas más, además de hacer amigos que, a pesar de haber tenido alguna que otra discusión por el camino, siguen siéndolo.

No recuerdo mucho de aquel tiempo, sólo algún que otro detalle como cuando jugábamos todos juntos en el patio, o cuando en clase nos sentábamos en ``equipos´´ de cuatro colores: rojo, azul, verde y amarillo.

Creo que esto es todo lo que puedo contar sobre mi etapa en Educación Infantil, porque no recuerdo mucho más de lo que hice allí.

             Ana Suárez Arango, 1º ESO A


LA TRAVESURA

                                                                           
No recuerdo muchas travesuras que haya hecho, la verdad ,pero recuerdo que me gustaba mucho esconder las cosas y eso me llevó a muchos problemas. Pero recuerdo una travesura en especial:

Ocurrió cuando tenía unos 5 o 6 años, en casa de mis abuelos paternos, lo recuerdo como si hubiese pasado ayer. Habíamos terminado de comer cuando le pregunté a mi abuelo paterno si quería jugar conmigo y él me contestó que no, que quería dormir y ver la televisión en su cama. Entonces me enfadé con él y, cuando fue al baño; me acerqué a la habitación sin que me viese y entré. Justo después cogí el mando de la televisión y lo escondí en mi bolsillo. Salí corriendo de esa habitación. Justo después me encontré con él en el pasillo y me preguntó qué hacía corriendo por la casa, yo le contesté que estaba allí por si había cambiado de opinión y quería jugar conmigo. Me miró, me dijo que estaba cansado y le apetecía descansar. Salí de allí tan rápido como pude. Me fui a el salón y escondí rápido el mando de la televisión. Lo escondí debajo de una mesita que había allí.

   Mi abuelo dijo que ya no le apetecía ver la televisión, pero yo sabía que era porque no encontraba el mando y me preguntó a qué jugábamos. Jugamos a las cartas. Cuando mis padres me vinieron a recoger, dejé de nuevo el mando en su sitio.
Valeria Cueto Chica, 1º ESO A


LA GUARDERÍA

    Yo fui a la guardería en “Temis”,cerca del Corte Inglés.
    No me acuerdo muy bien, pero había un patio muy grande, donde jugábamos cuando no llovía. Tenía unos árboles preciosos, con muchas flores de distintos colores. Había un arenero donde me gustaba jugar en los recreos. Me acuerdo de que a mis amigas les gustaba mirar por el otro lado de unos árboles que tenía el patio, donde había una casa.
    La guardería por dentro era marrón, no era muy grande, era marrón y blanca, con un pequeño patio dentro.
    Había escaleras, por las que llegabas a las aulas y baños, y había otras escaleras que bajaban al comedor. El comedor era blanco con mesas de color marrón, había un sitio de juegos nada más bajar las escaleras a la derecha y un sitio donde los bebés dormían y comían, en tronas.
    Las aulas eran pequeñas y algunas grandes.
    A mí me tocó una grande un año y otro una pequeña, tuve mucha suerte. En las aulas pequeñas solo cabían dos mesas y la del profesor. Las grandes era donde teníamos nuestras mesas, la del profesor, los juguetes y el baño en la habitación de al lado. A los baños se podía acceder desde el aula grande y desde fuera, era mixto.
    Cuando acababan las clases, iba al comedor, donde comía y jugaba.
    Después me venía a buscar mi abuela y me daba chocolate o una galleta de chocolate.

                                          ¡FIN!

 Lucía Fernández Menéndez, 1ºC ESO


Aunque no os lo creáis, sí pasó

En 1959 mis bisabuelos Gonzalo y Ada Eloísa no se llevaban bien y entonces decidieron divorciarse. Mi bisabuela estuvo hablando con mis tatarabuelos y les decía que se iba a vivir a España, mientras que ella estaba en Puerto Rico. Entonces mi tatarabuela le dijo que no fuera porque Franco era un sanguinario.

Se decidió a moverse a España en el transatlántico Antilles, un barco francés, y arrancó con cinco hijos. Mi bisabuelo decidió ayudarla con la mudanza. 

Cuando el barco zarpó, a él le entró una morriña inesperada en ese momento y decidió alquilar un helicóptero que iba justo detrás del barco. Entonces el del helicóptero le dijo que no daba tiempo a alcanzar el transatlántico y se dio por vencido y regresó con el helicóptero.

MOISÉS OURENS FERNÓS, 1ºESO B



Mi Travesura

Cuando era pequeño estaba en casa jugando con una pelota, cosa que no se puede hacer, y con el balón le di a un móvil que había cargando (ese móvil era grande, táctil y muy chulo), lo vi por ¡los aires! Y estaba cerquísima de la alfombra, cuando veo que en vez de caer en la alfombra cayó en el suelo y de pantalla. Cuando mis padres lo oyeron vinieron corriendo y me preguntaron: ’’ ¿Qué ha pasado?’’ Yo les dije que no lo sabía porque había tirado el móvil detrás de la televisión.
Una hora después me lo volvieron a preguntar y yo les dije la verdad para que no me castigaran. Cuando terminé de decírselo, me riñeron por no haberlo dicho antes. Tuvieron que desenchufar la televisión, quitarla del mueble donde estaba puesta y apartar el mueble para coger el móvil. Lo llevaron a arreglar, pero no tenía arreglo.
Ese mismo día me había dado mi abuelo dinero y me lo cogieron para comprar otro. Desde ese día no volví a jugar con el balón dentro de casa.

Víctor Rodríguez Cuesta 1ºA


Una visita por Avilés
Mi rincón favorito

El 19 de noviembre de 2016, hicimos una visita por Avilés; primero fuimos al Ayuntamiento, luego al Museo de Historia Urbana de Avilés y al Palacio Valdés.
            En el Ayuntamiento fuimos a la sala de recepción, donde la alcaldesa nos recibió y nos estuvo diciendo muchas cosas; luego fuimos a la sala de plenos.
            En el Museo de Historia Urbana de Avilés, subimos en ascensor hasta el tercer piso, la visita empezaba ahí arriba. La visita avanzaba de arriba abajo. Después paramos en una plaza a comer.
            En el Palacio Valdés, Mariano nos estuvo enseñando cómo era y estaba el teatro hace años. Los alumnos de Taller de expresión escénica representaron una obra.
            Por último, fuimos al Centro Niemeyer, donde hicimos un juego en el que se trataba de ver unas imágenes y ponerles nombres; había dos partes del juego, yo terminé las dos partes.


Jorge Blanco Sánchez 1º ESO B



UNA TRAVESURA

Era un día de verano. Estaba con mis amigos y… se nos ocurrió una cosa que nunca olvidaré.

Cuando salimos del último día de colegio se nos ocurrió ir al parque. Allí nos encontramos a un gitano que andaba por allí. Se nos ocurrió ir a mirar qué hacía y cuando nos vio… salimos corriendo como pollo sin cabeza. Nos empezó a perseguir y salimos corriendo. Le veíamos dar vueltas por el parque rodeándonos y observándonos. 

Cuando llegaba la hora de marchar, se nos ocurrió una idea. Mientras los más rápidos vigilaban, los más lentos se iban. Cuando le veíamos, en la esquina contraria, salían corriendo, y así hasta que quedamos dos. Los dos mirábamos y marchábamos, pero le vimos al lado nuestro. Hicimos una carrera gigante, creo que fue la más grande de mi vida.


Iker Maté, 1º ESO B


     La  Peluquería  de mi  madre
   
  Cuando yo era pequeño, mi tienda favorita era la de mi madre porque las clientas, al conocerme, siempre me daban dinero, galletas, chicles, y yo me lo pasaba genial.
  Cuando conocí a una nueva compañera de mi madre, que se llamaba Natalia, era muy alta y yo la la miraba desde los pies hasta la cabeza y me caia para atrás. Allí Chelo, otra compañera de mi madre, cuando mis padres se iban de viaje me quedaba en su casa de campo cuidando a los animales, jugando con la perra etc. y siempre me encantaba ir allí. Lo que más me gustaba de la peluquería era que tenía un amigo con el que iba a jugar.

  Yo en la peluquería tenía una silla muy pequeña que era de mi madre y me encantaba sentarme en ella y ver la gente cuando peinaban. Ahora no quepo en la silla, asi que mi madre se la dio a Natalia para que se la diera a su hijo, Álvaro.

Guillermo Fernández, 1º ESO C



UNA TRASTADA EN EL PUEBLO

         De pequeño yo era un niño muy bueno, de hecho no me acuerdo de haber liado ninguna trastada, excepto una.
           Esa trastada fue en mi pueblo. La hice cuando yo tenía aproximadamente seis años, pero no hice la trastada yo solo. Me ayudó mi prima que por aquel entonces tendría diez años.
           La trastada fue la siguiente: cogimos un cubo y una pala y nos pusimos en el prado a excavar. Cuando acabamos de sacar suficiente tierra, la metimos en el cubo y le añadimos agua para conseguir barro. Cuando ya teníamos la mezcla, entramos los dos con el cubo en casa sin que nadie nos viera.

          Subimos las escaleras con el cubo lleno de barro y cuando llegamos arriba, volcamos el cubo dejando que cayera todo el barro por las escaletas, haciendo así una pequeña cascada de barro.

Pelayo Fernández Coalla, 1ºC


MI COLEGIO

Cuando empecé al colegio, aún no tenía tres años, pero ya estaba familiarizada con él, ya que tengo una hermana mayor a la que acompañaba la mayoría de los días en las entradas y salidas.

Yo no me acuerdo, pero mis padres dicen que tenía mucha gana de empezar, pues como iba mi hermana yo también quería.

Anuncia fue mi profe los tres cursos de Infantil, ahora ya está jubilada. Era muy maja y tenía mucha paciencia. Nos enseñó muchas cosas.

Aunque no tuve mucha suerte al principio, ya que me caí en el patio rompiéndome dos dientes, por suerte de leche, no tengo ningún otro mal recuerdo. Jugábamos mucho, pintábamos, cantábamos y a la vez aprendimos las letras y los números.

Por fin llegó Primaria, ya éramos mayores. Chelo fue la profe de esos dos primeros cursos. También muy maja y con la que aprendimos a leer bien y a soltarnos con las sumas y restas.

En tercero y cuarto Mari Paz. Se notaba que estaba de tratar con niños de Infantil y fue muy paciente en muchos momentos difíciles.

En quinto y dos trimestres de sexto fue Rosa. Nos habían dicho que era muy estricta, pero cuando la conoces y te da clase, te das cuenta que no lo es tanto. Explicaba muy bien y hemos aprendido muchísimo con ella.

Ahora estamos con Aida, lleva poco tiempo dándonos clase, pero me gusta como enseña y todos estamos contentos.

En un mes  iremos de viaje de fin de curso.  Estoy muy impaciente, ya que es la primera vez que duermo fuera de casa con todos los compañeros de clase.

Me lo he pasado muy bien en las salidas que hemos hecho y las fiestas, sobre todo en carnaval, cuando ayudaba a mis padres con el disfraz, y me sentía importante al desfilar  y bailar con él puesto. El Antroxu es la mejor fiesta de todas para mí, era con la que más disfrutaba.

Aunque no me gustaba mucho ir, tengo que acordarme del comedor. Nos dejaba mi madre, a mi hermana y a mí, cada día a las 8 y media de la mañana. Después íbamos también a comer. Conchi y sobre todo, Aroa, me consolaban cuando, con tres años, no quería quedarme y a veces, lloraba.


No quiero terminar sin dar las gracias a todo el profesorado que me ha dado clase, por su esfuerzo y hacer tan bien su trabajo. Al AMPA, por organizar las fiestas en las que nos hemos divertido mucho. A la Directora, a las monitoras del comedor  y al resto de personal del colegio. He pasado nueve años de mi vida en El Quirinal, el que ha sido y siempre será, “mi colegio”.

Alba Lara Robledo, 1ºC



Mi empezar 


Yo no iba en un principio a El Quirinal. Yo antes de ir a El Quirinal, iba al Colegio San Fernando. Mi clase era el D. Estuve allí durante 10 años (por no decir que en realidad son menos porque cuando nací yo no había entrado todavía, pero ya sabes, por aproximar).

 Mis días allí fueron de los mejores, a veces desearía volver, pero no tanto. No tenía ningún talento, la verdad. Mi sueño creo que era ser una astronauta (ahora que sé lo que son los agujeros negros ya perdí la ilusión).

Cuando ya eran vacaciones de verano y ya había terminado 4º de primaria, mi madre decidió que ya era hora de que me fuera de ese colegio (le caían mal los profesores, y ella dijo que yo quería irme del cole, pero tan solo decía eso porque estaba enfadada con algunos de mis compañeros, porque era bastante  tonta). No sabía qué hacer, no me quejé. Al fin y al cabo comprendía la situación (el colegio era caro y, bueno, mis padres tienen ya sus problemas y como que se aprovecharon y todo). Tristemente no pude despedirme de mis compañeros.

Después de las vacaciones, fui al Quirinal, todavía estaba en contacto con mis viejos compañeros. No me llevaba bien con mis compañeros, la mayoría me odiaban, y otros tan solo pasaban el tiempo conmigo por dibujar un tanto bien.

 Pasó un año, mi mejor amiga de ese colegio me odiaba, mis otros compañeros de ese colegio ya no me hablaban. Me sentí sola, ya no tenía gente en la que confiar, o al menos hablar un poco para sacar unas risas. Mi madre se dio cuenta y me animó. Me las arreglé de alguna manera, conseguí hacer amigos y pasármelo bien.

Después de 2 años ya no me acordaba de aquellas personas que fueron mis “amigos” en el Sanfer. Conseguí un gran apoyo de mis padres (mi hermano estuvo ahí, pero...). He cambiado demasiado, no sé si eso es bueno...pero supongo que los días pasan y todo tiene su fin. A pesar de que no quiero volver a sentirme triste, la felicidad viene de la tristeza. Así que seré fuerte hasta entonces.

Ángela Vidal, 1ºC



domingo, 11 de diciembre de 2016

Escenas sobre variedades de la lengua



1º ESO C


VARIEDADES GEOGRÁFICAS

video
Íker Corujedo, Guillermo Fernández, Nel Llope y Alejandro de las Heras



OTRAS VARIEDADES GEOGRÁFICAS

En una tienda de alimentación...
video
video
Joel Menéndez, Pelayo Fernández, Alicia Currás y Alba Lara



VARIEDADES DIASTRÁTICAS O SOCIALES

María Rodríguez, Iván González, Marcos González y Alejandro de las Heras



VARIEDADES DIAFÁSICAS O DE ESTILO

Lucía Fernández, Paula Fresco, Ángela Vidal y Nayara González







1º ESO AB



video











sábado, 18 de junio de 2016

Dramatizando escenas de la obra "Manzanas rojas"


1º ESO C



Alfonso, Guillermo y Nicolás




Eva, Sandra y Lidia



Escena IX
video
Manuel y Hugo



Marina, Noelia y Marcos



Escena XIV
video
Elisa, Ángel y Jaime (voz)




1º ESO AB



Álvaro y Luca



Raquel, Rocío y Alicia 

domingo, 29 de mayo de 2016

Pintando poemas






Andrea González



Carlos Carballo



Aida Rodríguez



Irene Posa


Rocío Fernández



Jorge Yáñez



Elisa Fernández



Eva Álvarez



Irene Fernández-Puente



Pablo Fernández-Puente


Álvaro Sacristán












viernes, 8 de abril de 2016

Nuevas versiones de cuentos tradicionales



EL GIGANTE PETER Y LAS HABICHUELAS

      En un lugar muy lejano, vivía un gigante llamado Peter. Su casa estaba en las nubes. Un malévolo muchacho, llamado Jack, vivía en una modesta casita en las afueras de un pueblo llamado Shakespeare, en honor a ese escritor.
     Jack, al saber que la nube en la que vivía Peter pasaría por encima de su casita al cabo de una semana (después de muchas horas de calcular la dirección del viento), fabricó unas habichuelas con la ayuda de su madre Raquel que crecían y crecían tanto que si no se enganchaban con nada llegaban a crecer tanto como el doble del Empire State, que equivale a unos 890 metros. 
      El día anterior a que la nube pasara por encima de la casita, cuando ya se avistaba a lo lejos en el horizonte, plantaron las habichuelas al lado de la casa, pero un poco separadas de ella porque si la plantaban más cerca de la casita la rompería, dado que cuando creciese su tallo mediría unos 4 metros de diámetro.
      Al día siguiente, nada más levantarse, Jack se  asomó por la ventana de su habitación, contempló una planta “giganorme” (término inventado por mí) cuyo extremo se había enganchado a la nube de Peter. Se alegró mucho y fue corriendo por toda la casa para avisar a su madre. Entró en su habitación, levantó las persianas y exclamó:
- ¡Madre, despierta, la mata de habichuelas se ha enganchado en la nube de Peter!
- ¡Genial, hijo, venga, prepara unas cuerdas y unos sacos que están fuera, junto a los montones de paja! -dijo Raquel entusiasmada.
- Vale, madre, pero después de vestirme -dijo Jack.
       Mientras  tanto, en la nube de Peter la  mujer de Peter, Carolina, se extrañó de que la nube estuviese parada. Decidió ir a avisar su marido y, al encontrarlo le preguntó:
-  ¿Sabías que la nube está parada?
-  Sí, cielo,tengo un plan para que los dos que viven en la casita que está debajo nuestra no nos roben.
-  ¿Y cómo sabes que van a robarnos? -se asombró Carolina.
-  Pues verás, voy a empezar por el principio:
   Esta mañana, antes de que tú te despertases, decidí bajar a dar un paseo. Cogí la escalera y me disponía a colocarla para poder bajar cuando advertí que nos habíamos enganchado en una planta gigante. Dejé la escalera en la nube y bajé por la planta. Al pasar delante de la casa de los que nos quieren robar, les oí decir:
“-¡Madre, despierta, la mata de habichuelas se ha enganchado en la nube de Peter!
- ¡Genial, hijo, venga, prepara unas cuerdas y unos sacos que están fuera, junto a los montones de paja! -dijo Raquel entusiasmada.
- Vale, madre, pero después de vestirme -dijo Jack.”

Y deduje que querrían robarnos.
        Entonces volví y comencé a preparar el plan. Lo primero que hice fue hacer un agujero en el fondo de los sacos. Ahora necesito que me ayudes. Cuando ellos decidan salir (que será dentro de poco), ye estaré escondido en el bosque que hay detrás de la casa, cuando lleven unos 6 metros de ascensión, yo saldré corriendo del bosque y les perseguiré pero tendré que fingir que no les puedo alcanzar. Aquí entras tú. Antes de que ellos lleguen arriba, tú te situarás cerca de la cuadra, para que te confundan con otra casa. Eso sí, no te estoy llamando gorda. Cuando distingas algo que se mueve a pocos metros de llegar arriba, vas acercándote a la planta. Ellos te verán y saldrán corriendo en otra dirección. Mientras tanto, yo ya habré llegado arriba y tú tendrás que colocarte al lado de la planta y yo iré a por ellos. ¿Alguna duda?
- No, buen plan, cariño.
- Pues venga, vamos a ello.
Y Peter bajó a colocarse en su sitio.
      
      En tierra firme, Jack y Raquel, junto con cuerdas, los sacos (aunque no se dieron cuenta de que estaban agujereados) y dos picos de escalada, se estaban poniendo las botas de montaña viejas que tenían de cuando el padre de Jack aún vivía. Abrieron la puerta justo cuando Peter desaparecía entre los árboles. Carolina también se había colocado en su posición. Jack y Raquel no sospecharon nada y comenzaron a escalar.
      Peter, que les estaba observando desde el bosque, salió tras ellos derribando siete árboles a su paso. Ellos, al oír semejante ruido, se asustaron y, como ya estaban subidos en la planta, siguieron subiendo  por la planta. Cuando les quedaban cinco  metros para llegar arriba, vieron una sombra moverse encima de ellos pero no le dieron importancia. Al llegar arriba, se dieron cuenta de que la nube era gas y no podían estar sobre la nube (los gigantes, al ser mágicos, algunos podían hacer hechizos para pesar menos, como era el caso de Peter y Carolina). Pero se dieron cuenta demasiado tarde, ya se estaban cayendo y no podían hacer  nada. Al pasar rapidísimo al lado del gigante, este se sorprendió tanto que casi se cae del susto. Jack no se dio cuenta de que acababa de pasarle rozando un brazo a un gigante. Estaba pensando en dónde sería menos peligroso caer. Vio una montaña de paja y le dijo a su madre que podían caer en ella pero se dio cuenta de que no estaba en su trayectoria de caída. Por suerte se le ocurrió una idea, podían desabrocharse la chaqueta y planear hasta aterrizar en la montaña de paja. Se lo dijo a su madre y ella estuvo de acuerdo. Además, el viento les favorecía. Lo consiguieron y llegaron al suelo casi del todo sanos y salvos. Y digo esto porque lo que desde el cielo parecía un buen montón de paja, en realidad solo cubría 60 centímetros en la parte más elevada. Fueron al hospital y, en efecto, Raquel tenía dos costillas rotas y una lesión en la rodilla. Jack no tuvo tanta suerte, él tenía cuatro costillas rotas, el radio y el cúbito del brazo derecho fracturados y se iba a quedar parapléjico de por vida porque se rompió una vértebra que a su vez cortó el nervio que va a las piernas.
       Peter y Carolina se quedaron en la nube y cortaron con un hacha la planta. A los tres años tuvieron un hijo al que llamaron Paul (y es que los embarazos de los gigantes duran treinta meses, que son unos dos años y medio, para los que no quieran calcularlo).

LUCA TUÑÓN VILLAR   1ºB


MAMÁ LOBA, SUS SIETE LOBITOS Y LA CABRA JOSEFA

    Era una tranquila mañana en la casa de Mamá Loba y esta había salido a cazar. El hijo mayor de los siete lobitos, Pedro, se quedó al mando.
    Estaba mirando por la ventana (mientras sus hermanos dormían) cuando creyó ver a alguien que se acercaba por el bosque. Esperó unos minutos, pero no pasó nada, así que pensó que se lo había imaginado, se sentó en el sofá frente al fuego y se quedó dormido. Poco después se despertó sobresaltado. Alguien picó a la puerta.
-¡Asoma la patita por debajo de la puerta!- exclamó Pedro.
-¡Soy Josefa, la cabra!¡Ábreme!- se oyó al otro lado de la puerta.
-Disculpa, pero no debo abrir a extraños, y a ti no te conozco -respondió Pedro.
-¡Por favor, déjame entrar!¡Me persigue un cazador! -gritó la cabra.
-Está bien, pasa -dijo Pedro, abriendo la puerta.
    La cabra entró tan precipitadamente que se estampó contra la pared y abrió un boquete.
-¡Cuidado!- exclamó Pedro.
-¡Uy!¡Lo siento mucho!- se disculpó la cabra. Y se frotó el chichón que se había hecho en la cabeza.
-Tranquila, no pasa nada. Ya se arreglará - le dijo Pedro.
    En ese momento, los seis hermanitos de Pedro entraron desfilando en el salón y se quedaron todos quietos mirando a la cabra Josefa.
-Hola, chicos, tenemos visita. Juan, trae un poco de hielo para la señora Josefa -dijo Pedro.
    Uno de los lobitos fue hasta la cocina y metió unos cubitos de hielo en una bolsa. Le dio el hielo a la cabra y se sentó en el sofá junto a sus hermanos.
-Muchas gracias, no sé qué hubiera hecho si no me hubierais abierto la puerta.
-De nada. Humm…Bueno…Pues…Nuestra madre llegará en cualquier momento. ¡Ah!, y ponte cómoda, últimamente los cazadores merodean mucho por esta zona. No has elegido muy buen sitio para refugiarte. Pero mañana por la mañana probablemente ya se habrán ido. Puedes quedarte a dormir- le ofreció Pedro mientras sacaba de un armario unas mullidas y aparentemente confortables mantas de lana y las ponía junto al fuego.
-¡Oh, no, por favor!, ya he causado demasiadas molestias- replicó la cabra señalando el boquete de la pared.
-No es ninguna molestia. Y respecto a ese agujero, no es nada que no se pueda arreglar -dijo Pedro sonriendo.
-Muchísimas gracias, de verdad -agradeció la cabra.
    El día siguiente amaneció despejado. Cuando Josefa se levantó, Pedro y Mamá Loba estaban preparando el desayuno. La cabra recogió las mantas sobre las que había dormido y se tomó la taza de té que le ofreció Pedro. Salió a fuera para asegurarse de que los cazadores se hubieran ido y, tras agradecer mil veces su hospitalidad a Mamá Loba y sus hijos, emprendió el camino de vuelta a su casa.
    Desde entonces, Mamá Loba y sus lobitos se hicieron íntimos amigos de la cabra Josefa, y a menudo hacían excursiones al monte u organizaban picnics a la orilla del río.
     
    Y ESTA ES LA HISTORIA DE MAMÁ LOBA, SUS SIETE LOBITOS Y LA CABRA JOSEFA.

AIDA RODRÍGUEZ  1ºB



LOS 7 ADINERADOS Y EL POBRE LOBO

    Un día el padre lobo se fue de caza. Tenía 3 lobitos y era una familia muy pobre. La madre de los 7 cabritillos también fue a comprar. Era una familia rica.
    El lobo llegó pidiendo a la mansión de los cabritillos. Picó a la puerta.
    -¿Quién es?
    -Un pobre lobo pidiendo dinero- respondió.
    -Tus patas son sucias, mancharás la tapicería, las nuestras son blancas como la nieve.
    El lobo volvió a su casa y se empolvó las patas. Volvió a la mansión de los cabritillos.
    -¿Puedo pasar ahora?- suplicó.
    -No, tu voz es ronca, dañarás nuestras delicadas orejas. ¡Vete!
    El lobo se fue a su casa. Preparó una infusión que le aclararía la garganta. Volvió a la mansión.
    Los cabritillos habián dicho a su madre que el lobo se los quería comer. Entre todos durmieron al lobo y lo tiraron al río. Los lobitos rescataron a su padre y pusieron una denuncia.
    Le embargaron todo a la familia de cabritillos y se lo dieron a la familia de lobos.

ELISA FERNÁNDEZ SÁNCHEZ   1ºC

    

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS DESGRACIAS

Era una mañana fría, con una brisa espesa de aire gélido. Es invierno.

     Alicia estaba leyendo una novela junto a su hermana mayor. Pasó un conejo vestido de negro, que llevaba a su vera un bonito reloj de bronce. 
 -¡Que llego tarde!- dijo gritando el conejo.
 -¡Es  un conejo parlanchín!- exclamó Alicia.

El conejo continuó su rumbo. Alicia lo persiguió y cayó por un pozo. Al llegar abajo, tomó un pastel que la hizo aumentar de tamaño. Lloró mucho y luego tomó un pastel que la hizo diminuta.

   Se metió por una cerradura, concretamente el ojo. Luego, se introdujo en una botella de coca-cola y fue navegando  en ella por un viejo río.

Llegó a un pequeño salón al aire libre en el que tomó una taza de té.
Más tarde fue a una casa diminuta, pues se echó a llorar y la inundó toda.

    Después se encontró en un bosque a un gato que se camuflaba según el color del paisaje. Éste la llevó a un extraño reino de cartas. La reina de las cartas le ordenó a Alicia vida eterna si se quedaba en ese Reino. Alicia dijo que sí  pero antes tenía que superar una prueba.
   -Debes jugar una partida a las cartas- le dijo La Reina de Corazones.
   -Pero no sé jugar – le contestó Alicia preocupada.
  - Entonces… ¡¿CÓMO OSAS VENIR A MI REINO Y MOLESTARME?! – interrogó la reina exlamando. 
- Perdone usted, en seguida me voy –le replica Alicia.
-Te daré vida eterna, pero en el calabozo -gritó la reina- ¡GUAR-DIAS…COGEDLAAAAAAAA!!!!!!

En ese momento, Alicia despertó.

-¡ES UN MILAGRO!- exclama feliz Alicia – ¡ESTOY AQUÍ!
-Deja de decir tonterías y vete a merendar- le dice la hermana mayor.

Y VIVIERON FELICES LAS DOS HERMANAS EN SU CASTILLO.

IRENE POSA MORO    1º A


Piensa y actúa, Cenicienta

A Cenicienta se le murieron los padres y comenzó a vivir con su madrastra y sus dos hermanastras. Era menospreciada, se sentía mal. Unos pajarillos entraron en su habitación para hacerle compañía. Ellos tejieron un vestido de viejas telas, se lo quería poner a todas horas, pero su madre no le dejaba.
Cenicienta oyó hablar de una gran gala. Al que iban a ir sus hermanastras, ya tenía preparado el vestido que le habían tejido sus amigos los pájaros. Estaba muy emocionada.

Llegó el día de la gala, ya estaba preparaba para montar en el carruaje y la madre la llamó desde lejos.

- ¡Eh! ¿A dónde vas tú tan decidida?
- A la gala de esta noche- contestó Cenicienta preocupada.
- ¿Quién te dio permiso para ir? ¡Ven inmediatamente a casa!

Cenicienta,  triste, llegó a casa y su madrastra le prohibió acercarse por allí. Llorando en su habitación, se le ocurrió un plan para escapar de la casa. Ató una cuerda a la ventana y descendió por ella. Se le había roto todas las telas del vestido. Corrió y se dirigió hacia la gala. De camino se encontró una señora que aparentaba pobre y muy amble.

- ¿A dónde vas tan a prisa?  – le preguntó la señora.
- ¡A la gala de esta noche! – le respondió enfurecida.
- Puedo ayudarte, ¡no se te ocurrirá ir con esas pintas! ¡Ven conmigo!  ¡Súbete a esta calabaza!
- ¿Subirme a una calabaza? ¡No me tomes el pelo que llego tarde!
A sus ojos vio cómo la calabaza se hacía cada vez más grande y se iba pareciendo a una carroza.
- ¡Súbete! -le dijo.
- -Vale, ¡muchas gracias! – le contestó agradecida.
- Conduciré yo. –le sugirió la señora.
Iban de camino a la gala y el carruaje se desvió.
- Por aquí no es, ¿a dónde nos dirigimos?
- Es, confidencial, señorita.
- ¡Cómo que confidencial! ¿Qué pretendes?
- Al bosque…
- ¡No! ¡No!...

Esas fueron las últimas palabras de cenicienta antes de que el carruaje volcara y Cenicienta desapareciera para siempre. No confíes en todos, por muy buena persona que parezca, nunca sabes cómo es por dentro.

SANDRA GONZÁLEZ   1ºC



Los 3 constructores

Éramos 3 cerditos huyendo del lobo. Él nos quería comer pero nosotros decidimos construir unas casas para protegernos de él. Nosotros éramos un poquillo tontos así que uno de nosotros, Carlitos, dijo:

-         ¡Podemos contratar a alguien!
-         ¿Y de dónde sacamos el dinero?  -le dijo mi hermana Beatrice.
-         Pues lo robamos.
-         ¿Estás loco? -le contestó.
-         ¿Y qué quieres que hagamos? – respondió
-         Hacerla nosotros mismos -dijo mi hermana desesperada.

Y eso hicimos, Carlitos la hizo de ramitas de árboles. Aunque pusiese muchas, cuando acabó hubo una gran tormenta y no quedó nada de ella. Beatrice la hizo de piedra, le quedó muy bien pero con la tormenta llegó una gran riada y esta llegó a su fin. Yo la hice muy bonita, pero a la mitad de esta me llegaron unos hombres muy extraños que me pidieron permisos y esas cosas tan modernas. Entonces yo le engañé a uno y se la vendí. En ese momento conseguí una gran casa en la que el lobo sopló y sopló y la casa no cayó. Sin éxito alguno se retiró.


    Al final llegaron los cazadores y vendieron sus pieles. Yo hice una empresa de éxito y mi hermana vivió feliz junto a su marido y mi hermano… bueno, él se cogió su casa y se fue.

ÁLVARO SACRISTÁN DE FRUTOS   1ºB


Enselmen y Greta

Enselmen y Greta son unos hermanos que viven en una ciudad. Greta es una chica gótica que odia las verduras y es muy borde. En cambio, Enselmen es un chico al que le gusta mucho estudiar y siempre viste de pajarita. Un día Enselmen le dijo a Greta:

-Greta, ¿qué te parece si vamos de excursión a ´´ La casa de las verduras´´? -dijo Enselmen.
-Bueno, tronco, me mola ese plan - dijo Greta.

Entonces los dos hermanos se encaminaron hacia ´´La casa de las verduras´´. Allí la puerta se cerró sola y Greta dijo:

-Jolín, tronco, esto da mazo miedo.
-Pues permíteme decirte que sé qué ha pasado, la bruja nos ha encerrado.
- Jajaja. Soy Rocío y con mis poderes de bruja os he encerrado en la casa de las verduras.
-Pero Rocío, tú no eres malvada, eres de las más pacíficas del reino, solamente que tú te obligas a ser malvada -dijo Enselmen.
-Tienes razón, os voy a liberar -dijo Rocío.

Y los tres fueron amigos y vivieron felices.


PABLO FERNÁNDEZ-PUENTE  1ºB



Hansel, Gretel y la Bruja
   Siempre dicen que yo soy la mala, todo el mundo lo cree, me pintan como la mala, me echan la culpa a mí de todo… “La bruja esto”, “la bruja lo hizo”, “la bruja aquello”…
Para colmo, una vez conocí a dos niños, eran hermanos, muy traviesos y malvados, por su culpa, ahora tengo la cara con graves quemaduras y como soy una bruja, los médicos no quieren atenderme, me tienen miedo.
Hacía un buen día, estaba soleado, no hacía mucho frío, pero tampoco hacía calor. Escuché un ruido, fuera de mi casa hecha de dulces. Fui a echar un vistazo, eran unos niños. Tendrían hambre, ya que querían comerse mi dulce casa. Les invité a pasar.
Eran unos niños descarados y maleducados, ni siquiera me dijeron hola o gracias.
-Bueno… ¿Qué hacéis por esta zona del bosque? Es peligrosa, hay muchos osos y algunos lobos.- informé yo, amablemente.
-¿A ti qué te importa? -respondió muy borde la niña.
-Bueno, Gretel, relaja esos humos -dice el niño mirando a la niña, que al parecer se llamaba Gretel.- Mira, em… ¿Cómo te llamas? Bueno, pues Bruja, tienes una casa muy apetitosa y teníamos hambre. Esta casa se huele a distancia, nos atrajo su olor -explica el niño-. Además, nos traen sin cuidado los animales, nosotros somos más listos, y las piedras les hacen daño, ¿o no?
-De acuerdo -digo yo-. Creo que no nos hemos presentado, me llamo Gabriela, ¿y ustedes?, ¿cómo se llaman?
-Yo soy Hansel, y esta es mi hermana Gretel -informa el niño.
-¡Oye, tú! ¡Que yo sé presentarme!- dice borde Gretel.
Después de un rato hablando, les ofrecí galletas y no me lo agradecían. Pedían algo en concreto a veces, pero no por favor, más que pedir, exigían.
-¿Dónde está el baño? ¡Tus malditos dulces me revolvieron la “tripa”! -exclama Hansel.
-Es la tercera puerta de la derecha, al acabar, baja la tapa y tira de la cisterna,  por favor, me gusta que todo esté en orden -contesté.
-Ñañañañañañañaña…-dice con tono de burla.
Me quedé a solas con Gretel, la cual no cesó de comer.
-Tráeme un té, que tengo mucha sed -exige ella.
-Ahora vuelvo, aguarda un momento.
Estaba preparando el té cuando escuché un ruido estrepitoso proveniente del salón. Corrí a ver de qué se trataba. Al llegar vi a Gretel en el suelo sentada, quejándose junto a una estantería que se había caído.
-¡Te lamentarás de esto! ¡Maldita bruja de pacotilla! -exclama Gretel enfadada.
Hansel seguía sin aparecer, se tomó su tiempo en el baño. A Gretel se le antojaron unas galletas, y yo me acordé de que en el horno dejé haciéndose unas. Fui a la cocina, quería ver si ya estaban. Y en efecto, estaban en su punto.
Me puse las manoplas para no quemarme y abrí el horno. En ese momento, oigo un leve ruido a mi espalda, giro la cabeza (yo seguía agachada) y veo a Gretel detrás de mí, tenía una cara de rabia y una sombra que daba pavor, le ocupaba los ojos y la frente. Acto seguido, me da una patada y me empuja, metiéndome en el horno, todavía algo caliente. Antes de que yo pudiera reaccionar, cerró la puerta del electrodoméstico y lo encendió, mientras decía en alto.
-En un par de horas el pastel venenoso de bruja asquerosa estará listo.
 Al acabar la frase su rostro fue invadido por una sonrisa malévola.
La niña desapareció de la cocina, escuché ruidos en mi casa y murmullos, tardaron un rato en pasar de nuevo por la puerta de la cocina, pero no se iban con las manos vacías. Cuando logré salir, los niños ya no estaban, y tampoco mis fortunas, las guardaba en cofres para luego donárselas a una ONG.
Y luego dicen que yo soy la mala.
 FIN

ALICIA SUÁREZ   1ºB

BLANCANIEVES


Había una vez una joven blanca como la nieve, con unos labios carnosos y rojos y con la figura delgada.
Su madre le decía que era la chica más bella de este mundo y que debía vestirse como tal.
Ella siempre fue aficionada a lo negro, los pirsings, la música que les resultaba rara a sus conocidos… Y su madre no lo aceptaba. Era especial, pero su familia la veía como a un bicho raro e intentaban cambiarla.
Un día Blancanieves se negó a ponerse el vestido seleccionado por su madre y esta la riñó y la riñó. Tuvieron una discusión impresionante y nuestra protagonista se escapó de casa.
Tenía unos amigos en las afueras de la ciudad, a los que llamó para que la acogieran, y ellos aceptaron.
De camino  a la casa se topó con una mujer mayor. Decía que sabía cómo era su forma de ser. La muchacha se sorprendió. De tonta no tenía un pelo y, al vuelo, se dio cuenta de que era su madre disfrazada. Echó a correr y la perdió enseguida.
De camino tropezó con una rama que estaba en medio del bosque y cayó y se golpeó fuertemente en la cabeza.
Pensó que no era nada, así que siguió su camino. Le pareció  volver a toparse con su madre disfrazada, que le ofreció una manzana. Ella estaba muy hambrienta y, a pesar de su enfado, la aceptó.
Se dice que esa manzana estaba envenenada y que, por esa misma razón, la joven se cayó y, por un nuevo fuerte impacto en la cabeza, se quedó dormida para toda la eternidad. En realidad, esa manzana  solo era un simple “perdón” que le ofrecía su arrepentida madre y ella se quedó en aquel estado por el impacto que había recibido al intentar escapar de su madre.
Muchos intentaron despertarla de su sueño eterno, pero no pudieron.

LIDIA CARREÑO  1º ESO C



LA BELLA DURMIENTE

            Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo, vivía una joven muy bella a la que todo el mundo le tenía envidia. Aurora, que así se llamaba la joven, tenía un padre hechicero al que todo el pueblo tenía pánico. El día del bautizo de Aurora, le fueron concedidos poderes mágicos maravillosos como: hablar con los animales, parar el tiempo o mover objetos. A este bautizo asistió una bruja bondadosa que era la enemiga del Rey, el padre de Aurora. El Rey al verla se puso enfurecido y empezó a lanzarle hechizos a la bruja, ella se defendía de los hechizos hasta que se hartó y lanzó una maldición hacia el Rey, pero, por desgracia, se desvió hacia Aurora. La pequeña quedó conjurada a conocer a un hombre malvado al cumplir la mayoría de edad.
            Y así llegó el día en el que Aurora cumplió 18 años. Salió una mañana al bosque a recoger unos frutos, cuando de repente, ¡Plas!, chocó con un príncipe hermoso montado en su corcel blanco. El príncipe y Aurora se hicieron inseparables y, un día, el príncipe llevó a Aurora a su castillo. La invitó a comer exquisiteces con toda su familia. A la hora de comer el príncipe echó una poción a Aurora en su copa. Aurora al beber el líquido de la copa empezó a sentirse mal, mareada y cansada. El príncipe la acompañó a una de las habitaciones del castillo y de repente, por culpa del príncipe que aparentaba ser tan bueno, Aurora se quedó dormida para la eternidad. El príncipe se marchó y nunca se supo más de él.
Ahora, Aurora, ya no tenía ningún príncipe que la salvara, ni tampoco un príncipe que la hiciera feliz y que comiera perdices, sino que Aurora murió en aquella habitación, sin que nadie fuera a rescatarla.

                  EVA PÉREZ ÁLVAREZ     1º ESO C




EL CAPITÁN GARFIO

Peter Pan vivía en Nunca Jamás. Él no quería ser pequeño, quería crecer. Pero no podía salir de la isla porque el Capitán Garfio se lo impedía y como podía volar pues le fastidiaba. Y, con sus amigos de la isla, lo intentó capturar y no fue capaz. Hasta que Peter Pan fue en su barco a buscar a Wuendi y sus hermanos.

Garfio le llamaba “merluzo” a Peter Pan. Y encima, Garfio tenía un amiguito en el mar: el cocodrilo Tik Tak. Una vez, el cocodrilo Tik Tak le comió la mano a Peter Pan y él quería comerlo. Peter Pan escapaba del cocodrilo Tik Tak.

Garfio y sus amigos vivían en su guarida secreta. Un día Peter Pan le vio entrar en la guarida secreta y pensó un plan para capturar a los amigos de Garfio y así Garfio iría a rescatarlos. Perter Pan llamó a la puerta; les dejó unja tarta envenenada. Ellos fueron con los niños perdidos, Wuendi y sus hermanos, y Peter Pan les capturó.

Garfio, al despertarse, tenía una nota en la pared que decía: “Si quieres volver a ver a tus amigos encuentra la bomba que te he escondido y ven a por ellos antes del amanecer.

Garfio les rescató y luchó con Peter Pan hasta que el cocodrilo Tik Tak se lo comiera. Como así fue: a Peter Pan lo comió el cocodrilo Tik Tak.


                  MARINA MACÍAS GONZÁLEZ     1º ESO C



BLANCANIEVES Y LOS SIETE GIGANTES

Érase una vez una dama muy fea y 7 gigantes que eran hermanastros y se odiaban, porque a uno no le gustaba la cama, a otro sí, a uno no le gustaba un programa, a otro sí, eran lo contrario, y en vez de ayudar se dedicaban a molestar, porque nunca se ponían de acuerdo.
         Blancanieves se estaba empezando a hartar, y les dio un día de margen a ver si mejoraban. Pasado un día, vio que no mejoraban y Blancanieves tomó sus propias decisiones: encerrar a cada uno en un cuarto como un baño de grande, solo con una cama y con agua, y que cuando tuvieran hambre, que tocaran una campana.
Pasado un día vio que no funcionó y tuvo que pensar muy bien cómo los encerraba, pero ya lo tenía claro, comprarles una choza insonorizada con cama, tele, juguetes y comida.
         Lo malo era que no le llegaba el presupuesto y tuvo que ir a la calle, el tiempo que fuera, con tal de ganar doscientos euros. Dos meses después, los consiguió, contrató a obreros para construir las chozas y todos fueron felices y comieron perdices.

            NICOLÁS MEANA IGLESIAS    1º ESO C  
                             

EL LOBO Y LA CERDITA

Había una vez tres cerditos muy, muy malos. Un lobo inofensivo siempre quedaba en su casa con la cerdita que le gustaba a los cerditos. Éstos tenían envidia del lobo.

Los cerditos estaban furiosos e hicieron un plan para fastidiar al lobo. Veían día tras día cómo el lobo era feliz con la cerdita.

Cuando el lobo estaba en su casa con la cerdita, los cerditos soplaron y soplaron y la casa de paja derrumbaron. Pero los cerditos no sabían que tenían otras dos casas (una de madera y otra de ladrillos).

Al día siguiente, el lobo fue a la casa de madera con la cerdita. Pero los cerditos soplaron y soplaron y la casa derrumbaron.

Más tarde, el lobo fue a su casa de ladrillos otra vez con la cerdita. Los cerditos soplaron y soplaron con todas sus fuerzas pero no pudieron derribar la casa. El lobo y la cerdita fueron felices para siempre.

      MANUEL NDIAYE RUIZ     1º ESO C


VERSIÓN DE LOS  TRES CERDITOS LADRONES

Los tres estábamos jugando en el jardín cuando  nuestro amigo el lobo vino saltando feliz. Al entrar en el jardín nos dijo.
-Mi padre me ha dado mi herencia - tras decir esto saco un colgante de oro. Era una cadenita con un lobo rodeando una gema. Yo, que era experto en minerales, no sabia qué gema era. Los tres sentíamos una envidia tremenda.
-Qué guay- dijimos los tres a la vez mientras nos acercábamos al lobo -¿Nos la das?
-¿Por qué iba ha hacerlo?, es mía me la han dado - protestó el lobo-. Mejor me voy. Dicho esto se fue.

A los tres se nos pasó la misma idea por la cabeza.
Robar ese lustroso collar. Con mucha maña nos colamos en su casa y le cojimos el hermoso collar. Pero el lobo se enteró y aulló de furia. Los tres construimos cada uno una casa. Una de paja, una de madera y otra de ladrillos. El lobo sopló y la de paja derribó. Pero entre los escombros no vio el collar. Él hizo lo mismo con la madera y tampoco ahí halló el collar. Por último quedaba la mía de ladrillos. El lobo por mucho que lo intentara no conseguía derribar la casa. Entonces, triste, se fue. Me puse a celebrarlo con en el lustroso collar en el cuello. Pasó un rato de celebraciones cuando de repente oí unas sirenas. 
Y ahora estoy aquí en la cárcel junto con mis dos hermanos. Mientras afuera se celebran las fiestas. Me arrepiento de lo que hice. Lo peor es que perdí a un buen amigo. 

RAQUEL SALGUEIRO  1ºB


BLANCANIEVES

Érase una vez una chica llamada Blancanieves, que vivía en el palacio del reino. Vivía con su padre y su madrastra.
Blancanieves todos los días se levantaba y le preguntaba a su espejo:

            -¿Quién es la mujer más bella del reino?- decía Blancanieves.
            - Tú, eres la mujer más bella del reino- contestaba el espejo.

Blancanieves odiaba a su madrastra, porque todo el mundo decía que era muy bella. Un día su madrastra salió al bosque a buscar manzanas, en ese momento Blancanieves ordenó a un cazador matar a su madrastra. El cazador se dirigió al bosque para hacer su trabajo, cuando llegó y vio a aquella bella mujer, fue incapaz de matarla. Le entregó a Blancanieves el corazón de un animal. Blancanieves, no convencida del trabajo del cazador, decidió comprobar ella misma, si estaba muerta o no.
Su madrastra estaba oculta en una casa del bosque, habitada por siete gigantes llamados: Sabio, Gruñón, Mocoso, Dormilón, Romántico, Mudito y Feliz. Blancanieves para ocultarse se transformó en una pequeña y adorable niña.
Blancanieves, transformada en esa adorable niña se dirigió al bosque. Al llegar se encontró con una enorme casa y picó a la puerta. Su madrastra le abrió la puerta. Blancanieves, transformada en esa adorable niña, le ofreció una pera. Su madrastra aceptó y toda agradecida se la comió, en ese mismo instante mordió la pera y se desmayó. Había caído en un sueño eterno, que solo se podía despertar con un beso de amor verdadero.
El padre de Blancanieves al enterarse se dirigió a besar a la madrastra y ella despertó, y Blancanieves fue encarcelada.

ANDREA GONZÁLEZ  1ºA


LOS TRES CERDITOS

   Érase una vez tres cerditos que eran hermanos, el mayor era muy vago y no construyó ninguna casa, el mediano construyó una fuerte casa  de ladrillo y hormigón, y el tercero, muy espabilado, construyó una casa en un globo, de manera que el lobo ya no podría comerle.
    Una bonita noche de luna llena se oyó un aullido. El mayor no tenía donde protegerse, solo tenía un saco de dormir y una tienda de campaña. Asustado, se fue a la casa del hermano mediano. Ya en su casa, el lobo empujaba la fuerte puerta de la casa, después de un rato el lobo consiguió entrar y los cerditos asustados salieron por la puerta de atrás. Fueron corriendo a la casa del hermano pequeño, pero este ya estaba sobrevolando el cielo, los dos cerditos pidieron auxilio.
    Cuando el lobo se disponía a abalanzarse sobre ellos el pequeño cerdito les tiró una cuerda y sus hermanos pudieron salvarse.
    Y… colorín colorado este cuento se ha acabado y todos los cerditos se han salvado.

ALEJANDRO SOLLA HERRERA  1ºB 


LOS TRES CERDITOS

Érase una vez, una familia de cerditos, que eran vecinos entre ellos. El más pequeño se llamaba Alejandro (Solla para los amigos), el mediano se llamaba Luka y el mayor se llamaba Pablo (Garci, para los amigos).

Los tres hermanos eran amigos del lobo Agapito, hasta que un día, Garci se peleó con el lobo y con el dinosaurio Jorge. Desde esa pelea, no se han vuelto a ver.

Los tres cerditos querían reformar sus casas y llamaron a Juana del Rocío y a Andrea. Cuando ya tenían terminadas las reformas de sus tres casas, el lobo volvió para vengarse y darles una paliza. El lobo, que también había llamado a Jorge y a Álvaro, fue casa por casa.

Primero fue a la casa de Garci, y con un gran soplido destrozó su pequeña casa hecha de paja.

Pasó lo mismo con la casa de Luka, de un soplido, el lobo también destrozó su casa. Los dos cerditos huyeron y se escondieron en la casa de Solla, que era más grande y más fuerte. 

Al final, los cerditos vivieron felices en la casa de Solla, que al ser tan fuerte, el lobo no pudo derribarla nunca.

CARLOS CARBALLO  1ºA


LOS TRES DINOSAURIOS

Tres dinosaurios llamados Jorgesaurio, Carlosaurio y Pablosaurio vivían muy felices con sus cosas y con sus huertas de patatas y lechugas. 

Un día notaron algo extraño, parecía que se caía la casa. Salieron y vieron a Gozila soplando y soplando, intentando tirar las casas. La primera que se derrumbó fue la de barro, la segunda la de madera y solo quedaba la de metal. Ellos dijeron:
- Como derribe esta casa es que ya  lleva una poción de fuerza del Minecraft o algo así.
- O las púas gravitatorias del Call of Duty Black Ops III.
- Puede ser.
- No tienes ni idea de lo que estamos hablando, ¿verdad?
- No.

     Mientras que hablaban, Gozila se tropezó con una piedra, cayó encima de la chimenea y los aplastó.
 FIN, jaja.

JORGE  YÁÑEZ     1ºB